Pedro Pérez estrena el largometraje Nadie te amará en las dos capitales canarias

Octubre 16th, 2026

Pedro Pérez presentará próximamente su nueva película, Nadie te amará, con dos proyecciones especiales en Canarias que permitirán al público acercarse al proyecto antes de continuar su recorrido.

La primera presentación tendrá lugar este sábado 17 de octubre a las 18:30 horas en el Teatro Guiniguada de Las Palmas de Gran Canaria. Posteriormente, la película podrá verse en Tenerife el 9 de noviembre, también a las 18:30 horas, en el Espacio La Granja.

Nadie te amará es una película que nace con el propósito de generar reflexión, preguntas y conversación en torno a algunas de las problemáticas sociales más presentes en la actualidad. La película explora la maternidad desde diferentes perspectivas y pone el foco en cuestiones como la gestación subrogada y las desigualdades de género.

En un contexto marcado por la rapidez y la superficialidad de buena parte de los discursos que circulan en redes sociales, el proyecto apuesta por el audiovisual como un espacio para detenerse, profundizar y favorecer una mirada más crítica y empática, se lee en una nota de prensa.

En palabras del director, Pedro Pérez: “Uno de los aspectos que más representa a Canarias es la maternidad y con Nadie te amará me apetecía mucho explorar este concepto desde una perspectiva diferente. Es mi primer largometraje y siempre existe el vértigo de presentarlo en sociedad, pero tengo mucha ilusión de hacerlo y compartir el trabajo de todo un equipo detrás que ha empujado para que salga adelante”.

Pedro Pérez nació en Gran Canaria. En 2017 dirige La entrega, semifinalista en el Notodofilmfest. Más tarde firma Benito, cortometraje sobre Benito Pérez Galdós y en 2024 estrena Sin piel, un cortometraje que aborda el bullying protagonizado por la ganadora del Goya, Manuela Velasco, y el nominado Jorge Motos.

Kid Vereje, retrato íntimo de un boxeador

Octubre 15th, 2026

Ana Sánchez Gijón es conocida en los ambientes audiovisuales canarios como productora. De hecho, La Mirada Producciones es resultado de ese trabajo a veces entusiasta de hacer películas. En la década de los años 90 del pasado siglo, inauguró la senda de coproducciones con otras pequeñas empresas locales dando como resultado algunos cortometrajes que tocaron el cielo. Entre otros, Esposados, de Juan Carlos Fresnadillo, el primer corto español candidato a los Oscar de Hollywood, y proyecto en el que también intervinieron Zodiac Films y Papi Producciones; La raya, de Andrés Koppel y El último latido, de Javier Fernández Caldas.

También sacaron adelante Ruleta, debut como cineasta del escritor Roberto Santiago y de otros trabajos como la serie de animación Cleo, que también fue una de las primeras sagas animadas producidas en este archipiélago abandonado de la mano de los dioses. Un libro publicado el año pasado cuenta la historia de La Mirada desde las –no iba a ser menos– distintas miradas de sus colaboradores. Es un trabajo que explica como La Mirada golpito a golpito fue pionera en hacer posible esto que algunos llaman cine canario.

Era hora que Ana Sánchez Gijón se pasara a la dirección y Kid Vereje es su ópera prima. Una película pequeña, de presupuesto muy reducido, pero que está narrada con honestidad y una mirada profesional que si se le quita el barniz poético con el que la ahora cineasta nos cuenta la historia, hubiera resultado otra cosa. La película de Ana Sánchez Gijón logra que me emocione y que descubra una serie de personajes, entre ellos el mismo Juan Fernando Pérez, Kid Vereje, que nos narra su historia a modo de autobiografía.

Kid Vereje ¿es un documental? En todo caso es una película que se suma a esa corriente que se ha desplegado en el cine canario –en ese cine canario con denominación de origen canario– que unos llaman cine de realidad, y que otros describen como un producto híbrido entre el documental y la ficción. Este cine se preocupa por lo que muestra mezclando narrativas. Estas narrativas resultan a veces muy ingeniosas, el ingenio ayuda cuando el presupuesto se resiente aunque es tan buena la historia de Juan Fernando Pérez, su antes, cuando llegó a ser Kid Vereje y la de presente, la familiar, que la película tiene un latido muy especial.

Esta es la historia de un hombre que nació con todos los boletos para ser un perdedor aunque gracias a su tenacidad y a la suerte de encontrarse en la vida con personas que le mostraron el camino correcto, Kid Vereje aprendió a ser Juan Fernando Pérez.

Esta es la historia también de un hombre que aprendió a ganarse la vida con los puños encima del ring y que pudo haberse convertido en una leyenda del boxeo canario y español si las circunstancias no hubieran sido tan adversas.

Uno de los elementos más atractivos de Kid Vereje es como nos cuenta esta historia. Y quién nos cuenta esta historia. El mismo Juan Fernando Pérez, quien a veces se dirige al espectador, o actores (leo que uno es su nieto) que lo interpretan en su niñez y juventud.

Esos años de aprendizaje son muy crudos aunque el filme se desliza por ellos sin hacer sangre. Tampoco insiste en su carrera pugilística. La película es el retrato de un hombre que además fue boxeador y al que no le faltó amor. Es verdad que el amor aparece cuando uno menos se lo espera y quiso la fortuna que así fuese en el caso de Kid Vereje, que tuvo que colgar los guantes al no contar con patrocinios que respaldaran una carrera que llevaba camino de culminar con éxito.

Pero no lo quiso el destino, aunque como enseña en la película, tiene una habitación en la que guarda sus recuerdos de vida pugilística y mantiene el vínculo con otros boxeadores a los que reúne en su casa para almorzar. Entre los compañeros, Miguel Velázquez, protagonista del documental Miguel Velázquez. El catedrático del ring (David Cánovas, 2025), filme que recuerda también la afición y el número de boxeadores que generó la cantera tinerfeña aquellos años.

Pero Kid Vereje no es, como si lo fue el documental de Miguel Velázquez, una película sobre el boxeo en esta minúscula isla del Atlántico, sino el retrato de un hombre sencillo, que no disfrutó de una infancia y adolescencia tranquila, que acarició las mieles del triunfo cuando fue boxeador y cuyo sueño se quebró al darse cuenta que tenía que colgar los guantes.

A su alrededor, orbita una serie de personajes secundarios que están muy unidos a la vida de un deportista que hoy es un hombre meridianamente feliz, o al menos satisfecho con el trabajo realizado fuera y dentro del gimnasio. Un personaje que casi parece nacido para el cine porque llena la pantalla.

Kid Vereje es una película que, pese a las limitaciones presupuestarias, se permite alguna ligereza y subrayados innecesarios (alguien dice libertad y el plano siguiente es una bandada de palomas volando) pero es indiscutible que la película tiene pegada. Y emociona y te hace viajar en el tiempo. En mi caso a una ciudad que es en la que nací y que apenas reconozco en la pantalla. Y no solo por la transformación urbana que ha cambiado el mapa de Santa Cruz en tan pocos años, sino sobre todo por cómo ha cambiado el carácter de sus vecinos.

Esta no es la historia de un boxeador sino la de un hombre que a base de golpes aprendió a vivir. Y es esa lección de vida, ese intento de presentar un retrato costumbrista tan personal y simple es lo que hace destacable Kid Vereje.

Saludos, konec, desde este lado del ordenador

Feria del Libro de La Laguna, regreso al planeta de los simios

Octubre 14th, 2026

Finaliza la Feria del Libro de La Laguna, que con justicia ha terminado por convertirse en la Feria del Libro de Tenerife por volumen, número de invitados (aunque a la mayoría se los conozca en su casa) y asistencia de público, que no dejó de fluir del 8 al 12 de octubre, los días que duró este encuentro con la palabra, que dirían los cursis, y, en otros casos, de reencuentros (porque no fallan, si no que se lo pregunten a Damián Marrero Real, que este año presentaba, además, la reedición por la editorial Nectarina de su novela semibiográfica El cuarto mandamiento), que ya forman parte del paisaje y del paisanaje de una feria que crece edición tras edición, aunque debe corregir distorsiones y, sobre todo, ordenar lo que se despliega por la plaza del Cristo, ya que me dio la impresión de que casi todo estaba mal señalizado. Deberían cuidar, además, los sonidos entre carpa y carpa, porque en ocasiones se solapaban. Así lo escribe una señora en un comentario en Facebook, en el que se queja también de la escasa y «nula información de los eventos» y de la escasa comunicación de los lugares concretos en los que se celebrarían estos mismos encuentros.

A esta lista de reproches bienintencionados añadiría la exigencia a la organización de que, en las presentaciones de novedades —y lo viví en directo, y por eso lo escribo—, se informara al autor o autora de en qué caseta firmaría ejemplares de sus obras. Son errores que seguro se corregirán en próximas ediciones, cosa de la que estoy seguro que tomará nota si se conoce quién está al mando de un encuentro que comenzó siendo adolescente y que ha terminado por convertirse en todo un hombrecito.

En cuanto a los autores y autoras invitados de fuera, vamos a decir que estuvo bien, aunque la verdad es que no me interesan demasiado ni la obra de Manuel Vilas (a quien entiendo por lo que está atravesando ahora, ese camino a través del infierno que dijo alguien cuando tenía dos neuronas en la cabeza) ni la de José Ángel Mañas, que, tras Las noches del Kronen, no ha vuelto a acariciar el éxito. Hubo otros, claro, pero no los sigo, así que preferí encontrarme con los que habitualmente me encuentro en ambientes como estos. Se chismea, se echan unas risas y regresas a casa pensando que nada cambia para que todo siga igual. Es una sensación triste, pero uno se resigna porque la esperanza aún me mantiene.

Lo más interesante de la Feria no lo encontré, me pasa siempre, en las casetas de los libreros, donde la oferta de novedades es prácticamente la misma entre una y otra. Observas a los escritores y escritoras sentados en sus sillitas, esperando con la paciencia del santo Job que alguien les compre su libro, «por favó». Hay unos que venden de verdad porque son vendedores por naturaleza y otros que no se comen un rosco porque son incapaces de vender su obra a quienes se acercan a curiosear. Si fuera escritor, pertenecería a este último grupo.

Como en toda feria del libro que se celebra en Tenerife, no podían faltar firmas que ya forman parte de la misma Feria. Ahí estaba el escritor con casco obrero. Un personaje, porque ya es un personaje de la propia Feria, que ficharía para que se convirtiera en una de sus marcas. En una de las marcas de una feria donde se cruzan demasiadas cosas. Tantas que el pasado lunes me dio la sensación de que estaba dentro de una discoteca al elevar la voz cuando me encontraba con unos conocidos. Del cielo caían cuatro gotas, pero eso no amilanó al público, que desde primeras horas de la mañana andaba olisqueando por aquí y por allá…

Lo más atractivo de la Feria no lo encontré en las casetas de los libreros, sino en la de los editores. Estaba la del Gremio de Editores de Canarias (GRECA) y el Cabildo de Tenerife instaló una, lo que forzó a reducir su lista de invitados de fuera. La caseta era la de la Librería del Cabildo, esa misma que está al lado de un teatro en ruinas y que me hizo pensar en lo que pudo haber sido la Feria y la Librería en una realidad alternativa y muy utópica.

En fin. En un vídeo, alguien dice que la Feria del Libro podría convertirse en la Feria del Libro de Canarias, pero creo que esa conclusión está dictada más por la euforia del momento que por la cabeza, porque ese personaje se había autoexiliado de este territorio hace ya unos años.

El caso es que es verdad que la capital grancanaria lleva un tiempo sin su Feria del Libro, lo que me hace pensar que deberían hacer algo porque se postula como Capital Europea de la Cultura en 2031. Pero no sé yo. En cuanto a que la de La Laguna cambiara a regional, ¿vendría gente de otras islas a esa feria? ¿Dónde se ubicaría? La plaza del Cristo se queda muy, muy chica. De hecho, ya lo es.

Si esa idea tontuna siguiera su curso, propondría que cada año se celebrara en una isla distinta para que no se reprodujera el pleito que ahí está casi siempre asomando la cabeza. Pero, si en el peor de los escenarios se hiciera realidad, no creo que lo viéramos ninguno de los que ahora estamos presentes. Y es que, en un archipiélago dividido en dos provincias y con dos universidades, me parece muy difícil que se tienda a la unidad. En todo caso, sí a que se hagan las cosas por partida doble. En Cita con Rama, una novela de Arthur C. Clarke que ha sido malamente imitada, se dice que los ramaneses lo hacen todo por triplicado. En Canarias lo hacemos salomónicamente a la mitad o en dos tandas.

Me cuentan que alguien leyó un comunicado solidario en favor de Maricarmen, la inquilina desahuciada de Madrid, fallecida hace unos pocos días, pero que no se escuchó bien por aquello del sonido que se solapa con otro sonido. Sea lo que fuere, reconozco, con el corazón en la mano, ese gesto. Como también reconozco que este año la organización tomara nota y que las alfombras de imitación a césped, aunque también hubo otras escarlatas, no emanaran el pestífero olor a pis de gato que, varias ediciones atrás, estuvo a punto de llevarme al otro barrio. Así que ya no huelen, lo que es una muy buena noticia.

El éxito de la Feria, porque que quede claro: fue un éxito de público, tanto que no se amilanó ante la lluvia, es obra de Mario Silva, un gestor cultural todoterreno. En fútbol lo llamarían crack. Su equipo y él son los responsables de ordenar este caos aparente. Caos porque hay una mezcla de un poco de todo y se circula por un ambiente festivo que incluyó en su decorado una cama dentro de un contenedor y otros elementos inocentemente desacralizadores, que ocupaban un espacio que cada año obliga a las casetas de libreros y editores a estar más apretadas en sus zonas. Sus zonas de interés.

El Cabildo de Tenerife lleva desde hace unos años respaldando a la Feria, y en esta edición lo hizo con una caseta y un programa pirulito, más que pirulón. Hubo lecturas, eso me cuentan, y se pueden ver en sus redes sociales. No se cansaron de subir fotografías del consejero José Carlos Acha, cada día más viejo, como todos nosotros, aunque en su caso se nota por el pelo a lo Madelman que lleva encima de la cabeza, antaño moreno azabache y hoy de un feísimo gris ceniza.

El consejero, a quien se conoce familiarmente como Pepón, vino a la Feria para sacarse fotos, pero en esto de las fotos le ganó por goleada en gracia y tronío Damián Marrero Real. Tanto es así que la Feria del Libro de La Laguna sería otra sin Damián sacándose fotos con todo el mundo. Lo hace de corazón, mientras que Acha lo hace para salir en la afoto y ganar un crédito político que, a mi juicio, lo perdió hace años. El caso es que tiene que salir en todas las afotos no sé muy bien la razón. Pero hay una notable diferencia entre el entusiasmo de Damián Marrero, un rojo de los de antes, y José Carlos Acha, que primero militó en CC y hoy en el PP. Y ahí, entre otras, está el gesto, la notable diferencia.

En un rápido sondeo, estimo que entre los libros más vendidos este año se encontró Pajaritos preñados, de Andrea Abreu, quien generó una de las colas más largas y nutridas en el stand donde estuvo para firmar ejemplares. Y es que esta mujer ha hecho historia. Lo raro fue no tropezarme con una foto de Acha junto a la autora de Panza de burro. Pero Andrea Abreu es una mujer inteligente que se encuentra, además, en las antípodas del cacao mental en el que vive inmerso el consejero, de cabellera gris ceniza y con una curva de la felicidad cada día más pronunciada.

Al que no vi, y no aparece —y, si aparece, aparece muy poco en las redes sociales del Cabildo de Tenerife—, fue al director de Cultura, Conrado Álvarez Fariña. Personaje que ni siquiera asoma la cabeza en ruedas de prensa porque a Acha le gusta más salir en la afoto que a mí leerme la obra completa de Graham Greene, y mira que me gusta Graham Greene. Tampoco vi a ningún representante de Cultura del Gobierno de Canarias con pedigrí, pero sí al alcalde de La Laguna, Luis Yeray Gutiérrez, que debería adoptar entre sus prioridades recuperar la ciudad para la cultura y convertirla en referente para la isla y, si me apuran, para el archipiélago (con o sin hipotéticas ferias regionales). Aguere lo hizo en el pasado, ¿por qué no ahora?

Y poco más. Fueron días de una feria chiripitifláutica, aunque faltaron los zancudos y Gorgorito.

La visité en mañanas pluviosas, muy laguneras, aunque, de vuelta a casa, estaba vacío de emociones y frío como una merluza en el congelador. Mucha gente, sí. Y cambios en el paisanaje, y un escenario fantástico, y mucha gente paseando arriba y abajo y abajo y arriba, pero no me contagió de emoción, sino que me llenó de tristeza. Pero esa es otra historia. Lo más probable es que me esté haciendo viejo.

Como todos.

Saludos, café, desde este lado del ordenador.

Benigno, de David Baute, se estrena el 27 de noviembre en Tenerife

Octubre 9th, 2026

Benigno (en la imagen) es el título de la nueva película de David Baute, filme que está previsto se estrene el 27 de noviembre en TEA Tenerife Espacio de las Artes. Se están cerrando otros pases en ciudades de Tenerife y en Lanzarote, Gran Canaria y La Palma.

El documental se moverá también por la Península en ciudades como Madrid, Barcelona, Bilbao y Sevilla. El cineasta, ganador de un Goya por Mariposas negras, tiene muchas ganas de presentarla porque “es una historia que está muy vinculada a nuestro territorio y de alguna manera a nuestras singularidades”. Benigno, explica Baute, es una película muy pausada, “de respirar el ambiente cotidiano de una persona mayor en su entorno rural. Creo que es una película que hemos tratado de trabajar desde lo cinematográfico de una manera muy cuidada y en esta ocasión no tanto por mí, sino por la suerte de contar como director de fotografía con Mauro Herce, que fue el director de fotografía de Sirat y Goya a la Mejor Fotografía 2025 así como de rodearme de un equipo increíble”, dice el cineasta, que filmó esta película en Súper 8 mm, una experiencia “bonita pero muy complicada ya que tuvimos que grabar en películas que no duran más de dos minutos”. Con todo, “estamos muy contentos de haber podido desarrollar esta película en un formato que se vincula con el hogar, con lo más cercano y cotidiano”.

Saludos, quedan avisados, desde este lado del ordenador

Antilyra, nueva revista canaria de creación

Octubre 7th, 2026

Puesta bajo la advocación de la antilira, el concepto acuñado por  el crítico brasileño Luiz Costa Lima para hacer referencia a la poesía vanguardista de Carlos Drumond de Andrade o João Cabral de Melo Neto, acaba de nacer en Tenerife, bajo la dirección de Francisco León —gran animador de revistas literarias a lo largo de décadas (Paradiso, Vulcane, Can Mayor, Piedra y Cielo o Nesoi)— una nueva revista de creación, que lleva como lema «Poesía y resistencia». La Antylira insular recoge, así, en un formato modesto —apenas cincuenta páginas en DinA5— las poéticas de la modernidad, no solo vigente según el criterio de la revista, sino más necesario que nunca. La idea de un sistema creativo capaz de abordar, frente al narcisismo que busca el mero beneplácito colectivo, la dimensión órfica de la palabra poética, esto es, el abordaje del gran misterio, la presunción de un racionalismo de lo sagrado frente a la emocionalidad de un yo espectacularizado.

Forman en el comité editor de la publicación, junto a su director, algunos calaboradores habituales en este tipo de iniciativas: Jordi Doce, Régulo Hernández, Alejandro Krawietz y Luis Lenz. En este primer número, que no aclara su periodicidad y que cuenta con la colaboración de JFT Comunicación, el lector podrá encontrar un texto programático, «Aventurarse con Orfeo», redactado por su director, en el que León se pregunta por la existencia en la actualidad de un lector para la poesía. Sigue, en ello, una reflexión de Paul Valéry que en sus Cuadernos afirmaba que «La obra maestra se debe a los lectores, a la calidad del lector».

Siguen poemas del último de los herméticos italianos, Piero Bigongiari y un ensayo de Lucia Bonanni sobre el maestro pisano, algunas de las «Prosas visionarias» del Viejo José Mosegue, los poemas de Juan Andrés García Román y la entrada «Maldición» del glosario insular La isla y sus formas imaginarias de Alejandro Krawietz. Completan el número una carta de Andrés Sánchez Robayna a Alfonso Alegre Heitzmann, escrita en 1987, sobre la aparición de la revista Rosa Cúbica y una pequeña reseña biográfica del artista plástico Siro Cugusi, autor del dibujo de cubierta. Más información: antilyrapoesiayresistencia@gmail.com

Pajaritos preñados, una novela de Andrea Abreu

Octubre 6th, 2026

No recuerdo un caso igual al de Andrea Abreu en las letras canarias. Se escribe por el revuelo que ha provocado la publicación de su segunda novela Pajaritos preñados. El caso es que más que Pajaritos preñados se puede escribir sin que a uno le tiemble la mano que Andrea Abreu revalida su derecho a ocupar un espacio como escritora tras varios años de silencio con la publicación de Panza de burro, aquella novela que la puso a jugar de la noche a la mañana en las grandes ligas, ligas a las que ahora regresa arropada por un espectacular lanzamiento editorial.

Pajaritos preñados respeta más o menos el mismo escenario de Panza de burro y una protagonista, de nombre Cathaysa, que vive el final de su adolescencia en un barrio donde sus habitantes están acostumbrados a olisquear lo que hacen sus vecinos.

Como personajes secundarios rodean a la ¿heroína de esta historia? Su padre, El Tiznado, al que ama con locura aunque éste se haya convertido en un indigente porque tiene demasiados pajaritos preñados en la cabeza; su madre, Engracia, que lo mismo podía haberse llamado Desgracia; sus amigas La Macha (que está perdidamente enamorada de Cathaysa), Chaxiraxi,su tío Aurelio (muy secundario pero todo un personaje); el Higo Pico y El Churrero, dos jóvenes que se disputan el corazón de la protagonista en un libro de casi quinientas páginas que Abreu estructura en cinco partes.

La novela tiene un comienzo magnífico, de esos que lleva camino de convertirse en referentes. La historia comienza con un “¡Buenas, mi gente!”, que ubica al lector en un verbena de barrio que la escritora tinerfeña describe con notabilísimo pulso narrativo, y en la que con una prosa barroca y repleta de canarismos y argot de la zona, que la acercan más a América que a la España peninsular, contagia de ese aire festivo con característico olor a carne de cochino una historia a la que amenazan tormentas que asaltan a un lector primero desconcertado y más tarde totalmente entregado a la que, probablemente, sea la novela canaria más canaria que he leído hasta la fecha, y créanme que son ya unas cuantas. Pensé de hecho mientras me dejaba arrastrar bajo ese influjo que si a un lector de la isla como es el caso a veces le cuesta descifrar muchas de las expresiones y palabras que se dispersan por el texto, no quiero pensar en el trabajo que hará un lector no nacido en estos peñascos fijados a este lado del Atlántico.

Considero que solo por ello, Andrea Abreu vuelve a ser historia. Ya la hizo en su día con Panza de burro pero ahora la hace también con una novela muy canaria que publica una editorial peninsular. O goda, sin ánimo de ofender. Y este logro, que haya sido capaz de regresar al universo literario español con un libro que respira campo y lava, deseo y represión, que se desarrolla entre plataneras, huertas de papas, casitas aisladas unas de otras en un barrio de una localidad del norte de Tenerife, con verbenas en las que orquestas de nombres imposibles tocan ballenatos, salsa y pachanga aunque comience a influenciarlas el “nuevo sonido gomero”, hace que mi asombro suba enteros y que me meta en una historia que digiero mientras paso las páginas de un libro que está llamado a ser un clásico en las letras canarias, tan desmemoriadas ellas, y que Abreu sabe conducir con estilo a medida que se lee sin salir de la sorpresa aunque en su último tramo –apenas cien páginas para concluir esta especie de relato de iniciación, del abrupto y siempre doloroso tránsito de la adolescencia a la juventud– pierda fuelle y lo que es peor, el ritmo comience a resultar cansino.

Pero hasta ese momento, no cambiaría nada porque no deja uno de asombrarse de lo que ha conseguido esta escritora canaria, tinerfeña, con un libro que parece desafiar no solo a las compañeras/os de su generación sino a esa larga y bastante desconectada tradición literaria canaria en cuya historia (ya lo hizo también con Panza de burro) Andrea Abreu ocupa un relevante capítulo.

Y todo eso sin caer en la trampa de los géneros, Pajaritos preñados se inspira en una realidad que los que vivimos en ciudades apenas conocemos pero que está ahí. Y saber que está ahí es otro de los grandes logros de una novela que la Academia Canaria de la Lengua debería de respaldar por el enorme trabajo que hace en favor de cómo hablamos a este lado del Atlántico. Una labor que suma en firmar la primera gran novela canaria de éste y de otros tiempos por venir. Es como si literariamente hubiera ya recorrido los suficientes kilómetros para dejar atrás a todos los que vanamente la persiguen.

Pajaritos preñados no es una novela redonda, de esas que cuando la terminas hasta te da pena de haberla concluido. No. Personalmente, me hubiera ahorrado las últimas cien páginas aunque entiendo que están para dar algo de grandeza a una historia de personajes corrientes. Me quedo con ganas de saber más cosas de El Tiznado y de ese viaje al sur que emprende la protagonista mientras desliza críticas a la fiebre por el cemento que hubo en Canarias hace unos años y la influencia de un pasado que representan “los guanchitos”, los primeros pobladores de unas islas cuya sociedad necesita de más, de muchos más, pajaritos preñados.

Saludos, nubes oscuras, desde este lado del ordenador