Demasiadas cosas perdimos en Cuba

Julio 1st, 2026

“Sigo siendo el soldado entusiasta, el ferviente defensor de mi patria ofendida; pero esta no es la guerra con que yo he soñado; falta en ella la solemnidad, el quid divinum que todos los idealistas sabemos ver en nuestras concepciones; yo hubiera hecho un gran papel siguiendo, encerrado en mi estuche de acero, al gran duque de Alba, o caminando junto a Napoleón entre los hielos de Berésina.

Yo no sé si nuestro enemigo es un fantasma invisible o es una quimera forjada en un cerebro quijotesco”.

Vocación, Eduardo Barriobero,
Pepitas de calabaza, 2025

Descubro gracias a la editorial riojana Pepitas de Calabazas, sí, la misma que publicó el año pasado Niñas sucias, de la escritora tinerfeña Elena Correa, la conmovedora novela Vocación, escrita por Eduardo Barriobero y publicada hace más de cien años y que se desarrolla mayoritariamente en Aragón pero también en Madrid y en la guerra de Cuba, donde va voluntario el protagonista de esta historia, Pepe Alcañiz, no por ganarse la gloria en campos de batalla que pronto descubre que no existen en aquella guerra de emboscadas violentas en la manigua, sino porque quiere servir a su patria, patria que a medida que avanza el relato descubre el mismo Pepe y el atribulado lector que solo existe en su imaginación.

Los capítulos que se desarrollan en la que fue una de las últimas colonias que perdió lo que quedaba entonces del apolillado imperio español, son cartas que Alcañiz envía a su sufrida novia María Sádaba y a su mejor amigo, León Lozano y es un episodio que marcará a Alcañiz, porque lo que ve y escribe de Cuba es una pesadilla hecha realidad en la que el ejército español actúa con una violencia cruda y represora y, al mismo tiempo, descuida el cuidado de sus soldados que son, a fin de cuentas, los que se enfrentan a ese ejército fantasma de rebeldes independentistas que se esconden en la selva mientras los héroes de España caen como moscas más que por los combates de guerrilla por las enfermedades tropicales.

El estudiante que conocemos en la primera parte de esta sorprendente novela regresa a España cadavérico y cambiado por lo que vio en aquella isla del Caribe que luego se lloró tanto cuando se dejó perder, así que malvive como puede, y si algo lo sostiene para no hacer lo irreparable, es el amor que le tiene a María que, pese a que apenas reconozca al hombre que vino del Caribe, sigue unida a él por lazos sentimentales que nada ni nadie puede romper. Eso al menos es lo que piensa la pareja, aunque tras el regreso a España de Pepe las cosas irán paulatinamente cuesta abajo, y cada vez más deprisa y sin freno.

Eduardo Barriobero fue todo un personaje en la España de su tiempo, una España que dio al mundo ejemplares como el autor de esta novela. Intelectuales con vocación de denuncia y a la vez hombres que no podían estarse quietos. Su vida es casi como una carrera en la construcción no solo de un ideal que tiene claras alianzas con las corrientes anarquistas de su tiempo sino también de un profundo compromiso moral que en él se caracteriza por un sentido de la dignidad que quizás hayamos perdido para siempre en estas Expañas en las que vivimos.

Por lo que se sabe, se mantuvo leal a la II República y durante la Guerra Civil el Gobierno legal propuso su nombre para que fuera presidente del Tribunal Supremo pero rechazó el cargo para presidir la Sala de lo Criminal, También fue nombrado fiscal general de la República aunque en septiembre de 1937 fue acusado de apropiarse de una sustanciosa cantidad de dinero, acusación de la que lo absolvió el Tribunal Supremo aunque permaneció el resto de la guerra en prisión.

Tras la caída de Barcelona, Barriobero se negó a exiliarse a Francia, pese a que había sido nombrado caballero de la Legión de Honor, por lo que fue detenido y ejecutado por el ejército rebelde. Fue enterrado en los fosos de Montjuïc.

Me consta que dejó una obra literaria que sin ser demasiado extensa cuenta con títulos de interés. Vocación, la novela que recupera ahora la editorial Pepitas de calabaza es una clara demostración que se trata de un autor contestatario al sistema, aunque su retrato de las clases medias y bajas con las que se relaciona el protagonista de la novela resulten muy desesperanzadoras. Ataca además y con violencia verbal no solo al ejército sino también a una justicia enrevesada y contaminada por una burocracia que convierte a los funcionarios en hombres sin alma. Si que derrama, aunque sin excesos, cierta benevolencia hacia los marginados mientras pinta un retrato ferocísimo del sistema penal de su tiempo, ya que prácticamente la tercera parte de Vocación (el título es de una descarnada ironía) transcurre en una cárcel donde da con sus huesos el protagonista, que se ve inmerso en un proceso judicial que casi parece kafquiano, ya que esa fuerza invisible que llaman ley parece en la novela que fue creada por el hombre para enterrar a los hombres.

El único defecto que le encuentro a Vocación es que una vez terminada se acabó, ya no hay más descenso al horror, a este retrato penoso pero muy real que hace de un país, España, que maltrata a sus héroes y promociona a sus villanos. Ese grupo de mediocres que cree estar por encima de todas las cosas y que aplasta a las personas honestas y creativas por miedo. Todo esto se encuentra en una novela que se publicó hace más de noventa años, lo que se aprecia en un lenguaje de época pero que significa también otra seña de identidad de una obra y de un autor que pedía a gritos una urgente recuperación. Se trata además, de uno de los poquísimos escritores españoles que se preocuparon por reflejar en sus novelas el mundo carcelario de su tiempo. Pienso, ahora mismo, en otras novelas que se sumergen en este universo opresor y cerrado como Los vivos muertos de Eduardo Zamacois y Cabo de vara de Tomás Salvador. Es probable que haya alguna más pero no tantas como uno imaginase, y es que este país, literariamente, se acostumbró hace tiempo a mirar a otro lado como si no quisiera hurgar en sus miserias morales que son, por desgracia, demasiadas.

Saludos, muy agradecido por la sugerencia, desde este lado del ordenador

La Huracana es Lanzarote

Junio 30th, 2026

Leo por algún lado que los personajes protagonistas de la novela Cuando el miedo llama a un hombre, escrita por Carlos María Ydígoras, se inspiró en los pescadores de Lanzarote. Imagino que observar su trabajo durante unas vacaciones o por trabajo despertó en él sensaciones que igual creía que había olvidado. Se quedó petrificado o al ver la labor que toda esa gente desarrollaba en las aguas nada tranquilas del Atlántico. Debió de pensar este aventurero reconvertido en escritor que ahí había un buen material para escribir una historia. Una historia que en el ejemplar que llega a mis manos y publicado por la editorial Arrayán en 1961, está dedicado por el propio autor a Luis Diego Cuscoy “en la amistad y la admiración hacia su gran obra ‘guanche’”, guanche aparece entrecomillado, lo que me hace pensar que lo que leí, que los pescadores y el paisaje de la isla de Lanzarote inspiró realmente al escritor es verdad, aunque la disfrace.

Lanzarote es en la novela un Archipiélago de violento nombre, La Huracana, una isla que moldeó la lava y el carácter de unos hombres y mujeres que se forjaron en un desierto negro, de rocas deformadas por el fuego que se expande hasta llegar al mar. Y también están los vientos: “por lo que los vientos alisios, encolerizados muchas veces, resecándolo, lo recorrían sin pausa. Como poniéndose a tono con los camellos que en él vivían, las arenas lo amarilleaban en gran parte. Melancólico, terrible en la época de los huracanes, semejaba despojos de algún mundo perdido y a la deriva”.

El archipiélago de La Huracana se encuentra “más bien cerca que lejos” del gran desierto africano, “del que llegaba su aliento y, en ocasiones, sus arenas” y lo forma una única isla habitada, La Huracana, que mide sesenta kilómetros de perímetro y cuenta con cinco islotes, “de los cuales el mayor y menos inhóspito era el de Los Náufragos, un peñasco de lava vieja de cuatro kilómetros de diámetro, contra el cual fueron a estrellarse navíos de paso y, antes, cuando se celebraban romerías, embarcaciones conduciendo devotos de la Virgen de las Olas”. Entre ambas, explica el escritor, se extiende un brazo de mar que se conoce como Brazo Tiburón y que no cuesta demasiado esfuerzo situarlo en la isla que inspiró este relato. Otro de los islotes se llama de Las Aves, un refugio de inmensas colonias de pájaros marinos y donde el mar da con mucha violencia contra las rocas.

En La Huracana viven unas dos mil familias, la mayoría de ellas dedicadas a la pesca. Ydígoras los describe como gente arisca y supersticiosa, y muy leales a la ley del mar. En general, este perfil recuerda al del marinero de El viejo y el mar, tipos obstinados y encallecidos por las violencias del océano y de los poderosos rayos del sol. Gente fuerte y bravía que ha puesto su honor en el ánimo de resistir los embates de la mar salada y, escribe, la mayoría de ellos descienden de “una tribu que fue derrotada por los que después serían sus dueños, condenándose a vivir en el ostracismo”.

No hay, como se ve, una descripción paradisíaca de La Huracana pero su caprichoso paisaje está muy presente a lo largo de toda una novela poblada de personajes a los que ese mismo paisaje ha contrahecho. Se trata de gente que vive a dos velas, muy espartanos de carácter y que suelen comer “pescado cocido en sal y sazonado con mojo picante y unos sorbos de harina de maíz escaldada”.

La novela está protagonizada por Juan Terranova, que tiene 23 años y facciones “correctas” pese a una cicatriz que se ganó cuando le salvó la vida a un compañero uno imagina que en la mar, aunque no lo revela el escritor. A través de las páginas del libro seguiremos sus peripecias al tiempo que se describe la dura vida de los pescadores y sus creencias, algunas ancestrales como es la de escuchar a una bruja que es capaz de curar todo tipo de males como de causarlos si eres víctima de cualquiera de sus hechizos.

No termino de entender cuáles fueron las razones que llevaron a Carlos María Ydígoras a desarrollar la novela en ese archipiélago ficticio y no en Lanzarote, sobre todo cuando encuentro un recorte de prensa –fechado el 30 de junio de 1959– en el que el semanario lanzaroteño Antena publica la noticia que el escritor “escribirá una novela y un guion cinematográfico sobre Lanzarote titulado Volcán”, al mismo tiempo, se da la noticia que tiene la intención de “embarcar en un velero como tripulante con rumbo a Cabo Blanco (en la frontera entre Sáhara y Mauritania)”.

Son muchos los miedos que atraviesan el cuerpo de esta novela. Ahí está el miedo a la mar, que no caiga ni una gota de lluvia sobre la superficie volcánica de la isla y el miedo a la muerte como a la vida, y todas estas cuestiones las intenta resolver Carlos María Ydígoras, que ejerció toda clase de oficios — fue marino, minero, traductor, periodista, escritor y combatiente. Sus experiencias como soldado en la División Azul las dejó reflejada en Algunos no hemos muerto, que se trata de una de las grandes novelas que se han escrito sobre la División Azul. Cuenta además con desconcertantes ensayos históricos, varios de ellos dedicados a los Estados Unidos en los que sorprende por su visión profunda y razonadamente antinorteamericana como vuelca en Los libertadores USAS y América contra América. El hermano yanqui aunque su única novela con un acento apócrifo canario fue esta que comentamos.

Saludos, contra vientos feroces, desde este lado del ordenador

Muchos gritos y muy pocos susurros

Junio 25th, 2026

Me cuentan que sucedió hace unas semanas y que esto es resultado de los comportamientos de un director insular de Cultura, Conrado Álvarez Fariña al que educaron, repitiendo la palabra que pronunció en un programa de televisión el periodista Francisco Pomares a un socialista la semana pasada, como un “malcriado”. Habría que recordar, y deberían de tomar nota Rosa Dávila y Lope Afonso, como presidente y vicepresidente del Cabildo de Tenerife respectivamente, que quien lo puso ahí a dedo fue José Carlos Acha, alias Pepón en los mentideros culturetas, que es quien ahora debe estar planteándose si matricula a su adlátere en un curso acelerado de cómo comportarse para dejar los malos modos (entiéndase falta de educación, gritos y gruñidos) en casa.

Se hace constar que cuando una persona estrena cualquier tipo de responsabilidad debe establecer una estrategias de comunicación con la gente que tiene a su servicio y eso no se ha hecho ni lleva camino que se haga en esa nave a la deriva que es la consejería de Cultura del Cabildo Insular, un reducto que se caracteriza por un estilo, el achista, que consiste en no hacer nada dando la apariencia que se hace mucho (de ahí la obsesión por salir en la foto). Esta preocupación por la imagen a veces produce situaciones perturbadoras como una que, recientemente, el consejero subió a sus redes sociales y en las que aparece rodeado de un grupo de personas en la sala de arte del Casino de Tenerife. Que haya una sala de arte en un templo dedicado al juego es una cosa que no termino de entender aunque este último año ha sido tan extraño, tan raro, que al final ya no me sorprende nada de nada.

En la imagen de la vergüenza, esa que fue tomada en la ¿sala de arte? del Casino de Tenerife, que se encuentra en los bajos del Hotel Mencey, se puede ver junto a Pepón, ups, José Carlos Acha, a ese pintor (dícese) que si tiene algún talento es para encontrar padrinos y contar con una agenda de contactos muy envidiable. El pintor (vamos a llamarlo así) es Alejandro Tosco, un artista (ídem) que sin padrinos ni contactos no llevaría la inexplicable carrera que lleva en este archipiélago demasiado acostumbrado a que lo gobiernen los imbéciles que van de listos.

Vamos, que Acha lo mismo aparece acompañado de Conrado amo mis gritos que del histérico Mr. Ego, el que vende por todos lados que es jefe de servicio del área de Cultura del Cabildo de Tenerife, lo que da una idea del nivel intelectual y de la sensibilidad artística de este nuevo trío Los Panchos, solo que lo que es cantar, cantan poco. El caso es que son las cabezas rectoras de las políticas culturales que emanan del Cabildo insular. Es decir, que son ellos los responsables de los numerosos desaguisados que están brotando como setas en un año que se precipita a comicios electorales. Su gestión, como me la definió un querido y perspicaz amigo es la de un iletrado, la de un mago muy bestia que se las da más que de servidor de beneficiario público. Solos tres pequeños botones de muestra con el fin de que se hagan una idea de lo que hay: uno de ellos todavía comete faltas (y muy gordas) de ortografía, otro confunde como familia de Alfonso García Ramos a otro que se apellida igual pero que no tiene ningún parentesco con el autor de Guad y un tercero que va dando voces para hacerse respetar. En fin, que así está el patio.

El caso es que hay serios problemas con el viaje previsto de la Orquesta Sinfónica de Tenerife a Holanda. Hasta tal punto es la gravedad de este problema que el personal de la OST “está de brazos caídos contra el nuevo director insular”, el amigo Conrado Álvarez Fariña, quien se ha ganado fama de déspota porque quieto todo el mundo… Su palabra debe ser ley, caviar para los oídos de los administrativos que tiene bajo su mando. Yo ordeno y los demás me obedecen sin rechistar. Nada de diálogo, de conocer al otro… Con Conrado, me dice alguien que lo conoce desde sus tiempos universitarios, tienes que acatar lo que te dice sin rechistar. Si lo que es negro para él es blanco, es blanco y no negro.

Me cuentan que alguien muy de arriba del Patronato Insular de Música le recordó a Conrado que no pertenecía al consejo de administración y que no tenía autoridad sobre ninguno de los miembros de este órgano. En todo caso, le aclaró, acataría lo que le dijera el consejero (que es ese osito panda que responde al nombre de José Carlos Acha) aunque la reacción de Conrado fue mover cielo y tierra con Recursos Humanos para que le abrieran un expediente disciplinario al protestón. El problema es que el protestón “tenía razón por lo que sería deseable que Conrado aprendiera el funcionamiento de las administraciones públicas”. Este es el resumen de lo que le explicaron al Director Insular de Cultura desde Recursos Humanos, aunque no procesó lo que debió de digerir como una derrota y en represalia cambió los trámites de los traslados de la OST a Holanda, trámites que ahora asume Cultura y no el Patronato, lo que ha generado otro malestar en un área que le viene demasiado grande al consejero y sus cuates, gente voluntariosa pero de muy bajo perfil humano.

El caso es que las dos personas que llegaron de la mano de Acha no se han molestado en ensamblar y conocer al equipo con el que trabajan. No se ha hecho y no se hará. Y mucho menos a estas alturas del partido. Acha mira mientras tanto a otro lado, o desoja la margarita echando días pa’trás, preocupado por los números que revelan las primeras encuestas de las elecciones del 2027. O 2026 si todo se precipita.

Me cuentan que lo que se respira dentro de Cultura es aire viciado, lo que no es nuevo porque las personas que vienen y las que se han ido tienen sus ideas, aunque en este caso y si por algo se caracteriza la responsabilidad que ahora ocupa Acha es por resultar tan extremadamente casposa y mediocre, lo que me hace sospechar que la consejería que dice que dirige está enferma, y que si necesita algo es a un cirujano de hierro y no a un trío que ya huele a podrido y un poquito a col hervida. Y que si algo sabe hacer es salir en la foto (en cualquiera y con cualquiera, eso da igual); gritar para hacerse respetar (¡!) o hablar de fútbol con el sufrido y doliente administrativo que se le ponga a tiro a cualquiera de estos tres.

Y sí, esto es el nivel. Y solo es la punta del iceberg.

Saludos, seguimos en la trinchera, desde este lado del ordenador

Hotel Madrid, una novela de Emilio González Déniz

Junio 22nd, 2026

John es un artista, un genio –explicó Latines– y los genios deben amarse a sí mismos, es la única manera de hacerlo.
Entonces estuve segura de que John no era un genio, sino un hombre. En algún momento sentí que me amaba, aunque la única declaración de amor que obtuve de él fue por escrito y en inglés. Pero estoy segura de que hubo tiempo, tal vez muy corto, en que me amó: las horas doradas con John Huston. Para mí era suficiente”.

Hotel Madrid. El amor secreto de John Huston, Emilio González Déniz, Algaida, 2000)

La primera vez que leí Hotel Madrid, de ese gran fabulador que es Emilio González Déniz, fue en fotocopias que me pasó el propio autor porque la novela estaba y sigue estando agotada desde su publicación hace ahora 26 años. Hace unas semanas tuve la suerte de encontrarme con un ejemplar en la librería solidaria Solican, a la que todos los lectores que somos visitantes habituales deberíamos de erigirle un monumento. El ejemplar que adquirí me hace pensar otra vez (y ya van) que pese a que Emilio González Déniz es uno de nuestros más originales escritores, éste continúa siendo en gran parte un desconocido no ya en su propia tierra, Gran Canaria, sino en el resto de las islas y las Expañas peninsulares, lo que se trata de una injusticia, una de esas injusticias que de tan gordas no se resolverán nunca en nuestro esmirriado país canario.

Le tengo, como lector, especial cariño a Hotel Madrid. Será porque considero el Hotel Madrid un símbolo de la capital grancanaria y no porque allí pasara una noche el general Franco antes de volar a Marruecos y más tarde aterrizar en la Península y contribuir en su propio beneficio al fin de las Españas como país que tanteaba entrar en la democracia republicana, sino porque ese hotel está situado en una zona que a mi me encanta de la ciudad. El nombre del hotel me evoca además una cariñosa remembranza. Será por lo que significa Madrid. Una palabra que es mucho más que una ciudad.

La novela de Emilio González Déniz es muy de Emilio González Déniz. Es decir, está en ella las señas de identidad literarias que he ido detectando en un escritor que tira de la memoria para construir historias. Sean estás verdad o mentira. Yo prefiero pensar lo último cuando se trata de ficción literaria. Y en el relato imaginado, González Déniz es un maestro, y en eso también lo diferencia de otros escritores que se inspiran en hechos reales para construir historias, muchos de ellos acorralados porque procuraran ser lo más exacto posible a lo que conocemos que sucedió pero no inventan, no crean, no hacen ficción.

El autor de novelas como La mitad de un Credo, reeditada por la barcelonesa Alrevés hace un año, fabula, crea una historia tremendamente original inspirada en hechos reales en la que Emilio González Déniz inventa y hace ficción donde otros no lo harían. Y el resultado final es una novela que se sigue leyendo y disfrutando como hace 26 años.

Hotel Madrid es una historia que nos narra el escritor a través de tres de sus protagonistas (Dácil, John Huston y Latines), también una tercera persona que pone en situación al lector y un personaje que viene a aparecer al final que los muy atinados podrán pensar que se trata del mismo González Déniz. También se puede preguntar, aunque pierde el tiempo, qué hay de verdad en este relato y qué hay de mentira pero la mejor respuesta es dar un y qué más da. Lo importante, lo verdaderamente mágico y especial de esta historia de amor (así, como lo oyen, de amor pero también de amor a la amistad) es la forma en cómo se cuenta y el tremendo cariño que siente el escritor por sus personajes.

Leyendo Hotel Madrid no dejaba de preguntarme cómo no se le ha ocurrido a nadie adaptar esta novela al cine o convertirla en una serie. Reúne todos los ingredientes para entretener al espectador más bregado como al que no, y propone un recorrido geográfico sobre una capital que cuenta en Emilio González Déniz con uno de sus mejores narradores. Es una pena que en Santa Cruz de Tenerife los mejores que la han retratado ya no se encuentren entre nosotros, pero como dejó escrito Pedro García Cabrera: la esperanza me mantiene…

En la novela, el escritor grancanario tiene la osadía de meterse y de meternos dentro de la cabeza de sus personajes y más que escorarse hacia una novela de y sobre cine, lo que hace es contarnos la historia de amor que nace entre un cineasta de origen irlandés mal hablado y aficionado a los licores con una mujer a la que la cerrada sociedad de aquellos días margina por ser la esposa de un rojo al que asesinaron los vencedores de aquella guerra que nunca tuvo que haberse producido.

El otro ángulo de este triángulo lo ocupa Latines, un periodista honesto y de los que sabe buscar noticias hasta debajo de las piedras y si no las encuentra, inventárselas, que muchos reconocerán en la vida real como quien fue uno de los alcaldes más originales que tuvo Las Palmas de Gran Canaria, un hombre irrepetible aunque su espíritu seguro que recorre las calles de la ciudad llevándose las manos a la cabeza.

En esta realidad paralela que propone Emilio González Déniz, en esa Palmas de Bardinia que no es otra que Las Palmas de Gran Canaria, se producen momentos muy cómicos que a mi me han hecho reír, y reír cuando leo –me pasó hace unas semanas con Don Luis se divierte, de Eduardo Zamacois– es una de las experiencias más gratificantes que tiene el acto de leer. Se habla además de la primera visita de Huston a Palmas de Bardinia mientras planea rodar una película en el desierto del Sahara que nunca llegó a realizarse y más tarde del rodaje de Moby Dick.

Gregory Peck y Orson Welles intervienen como muy respetables secundarios y aparece el rodaje de Tirma, que aquí, en la novela, se retitula El capitán y la salvaje, que protagoniza la exuberante Claudia Stromboli, La Stromboli, por la despampanante Silvana Pampanini, un torbellino que exhala sexualidad por todos los poros de la piel aunque como actriz no valga mucho. La Stromboli es otro de los grandes personajes secundarios de esta novela.

En definitiva, que Hotel Madrid mima a todos los que intervienen en su peculiar universos y se trata de una historia (ese fue nuestro caso) que invita a releerla para redescubrir donde ya habías descubierto y disfrutar con una historia que aunque al final te deje cierto sabor agridulce eso pasa porque te conmueve y es buena literatura. Y lo que escribe Emilio González Déniz es buenísima literatura. Ficciones que se inspiran en hechos reales para demostrar –una vez más– que la imaginación supera a la puñetera realidad.

Saludos, veamos otra vez El tesoro de Sierra Madre, desde este lado del ordenador

Dos presentaciones, fin de un rodaje y un libro

Junio 17th, 2026

* Nicolás Dorta y Bruno Mesa, además de ser dos de los mejores escritores y poetas que tenemos en este archipiélago en el que más que bailar al son del tambor se baila al del silbato, son dos inmejorables conversadores. Gente que habla y que escucha, y no solo habla. El viernes 19 de junio tendrán la oportunidad de darlo todo, que es lo que hacen por costumbre, en el teatro Leal, La Laguna, espacio en el que conversarán sobre la escritura pero seguro que de más cosas. La charla forma de Soplo de letras, y estos dos hombres y un destino comenzarán a cantarse las cuarenta a partir de las 19.45 horas.

* El viernes se estrena también Kid Vereje, el primer trabajo como directora de la productora Ana Sánchez Gijón. El lugar será en los Multicines Tenerife, a las 19 horas. Kid Vereje permanecerá en cartel del 19 al 25 de junio en horario de 17.30 y 19.00. La película refleja la peripecia vital del exboxeador canario Juan Fernando Pérez León, doble campeón de España de boxeo amateur en 1989 y 1990.

* Realizada durante cinco semanas en localizaciones naturales, ha finalizado el rodaje del largometraje Los Silenciados (The Silenced) en la isla de Tenerife. La película es una producción de Loma Films, Anaga Media y E Media Canary Projects. El filme está dirigido por Flavio Pedota, y se trata de una historia de terror psicológico contemporáneo que protagonizan Alexandra Essoe, Jesse Moss, Costas Mandylor, Malena González, Toni Acosta (‘A una y Luifer Rodríguez.

* Poelíticamente (1998-2024) es el nuevo libro del poeta, profesor e investigador José Miguel Perera Santana (Arucas, Gran Canaria, 1978), y en él se recogen los cuadernos líricos que hasta ahora ha publicado desde que comenzó a gestar versos en el propio municipio que lo vio nacer y crecer, particularmente en el barrio de La Goleta. El volumen anda recorriendo Canarias desde comienzos de 2026.

Y…

Saludos, hermanas y hermanos, desde este lado del ordenador

Adolfo Córdova: “El lenguaje puede reproducir una belleza que yo no tengo”

Junio 16th, 2026

“Yo soy el lobo. Humano lobo. Abuelo lobo. Lobopájaro, tlacuache, lobo lumbre, árbol lobo: hundo mis raíces, garras, hasta el principio y sujeto el corazón caliente de la tierra”, este es el comienzo de uno de los libros del año, una reedición que con el mismo título, Aullido, publica la editorial Diego Pun. Escrito por Adolfo Córdova (Veracruz, México, 1980) e ilustrado por Armando Fonseca, se trata de una obra delicada, de exquisita factura que trasciende la belleza del objeto para transformarse en una invocación que da voz como metáfora al lobo mexicano, una especie en extinción que ahora se intenta recuperar tras años de salvaje persecución y caza.

El contenido de la obra es de una belleza singular porque como pasa cuando un libro se crea en estado de gracia, texto e ilustración (grises, rojos, negros, blancos sucios) combinan muy bien, lo que hace que este trabajo trascienda y deje poso cuando se termina su lectura y el disfrute de las extraordinarias ilustraciones que lo acompañan. Se trata, en definitiva, de una invocación porque “lobos fuimos lumbre. Nombres somos sangre. Sombras todas que arden”.

- Diego Pun presenta una reedición de Aullido, que se publicó en 2019 en México ¿se trata del mismo libro o cuenta con novedades respecto a la anterior edición?

“Entiendo una reedición como una oportunidad de revisión y de reescritura. Así que desde la primera edición hubo cosas que quería diferentes, detalles, un epígrafe, algún verso que quería cambiar, porque considero el libro un poema en prosa, aunque es una mezcla porque siempre lo sentí como una invocación. Lo primero, entonces, fue la posibilidad de regresar al texto, de releerlo y ajustarlo. Y luego Armando Fonseca, el ilustrador, solo consideró que quería retrabajar las ilustraciones un poco siguiendo la misma lógica mía, como creadores que ven que su obra va a tener una nueva vida. Aullido es además el resultado de la confianza que Cayetano Cordovés, su editor, depositó en nosotros”.

- El libro que presenta entonces es distinto al que presentaron en México.

“Creo que a Cayetano, como editor le parecía interesante que hubiera cambios, porque eso ya lo iba a diferenciar, y ahora ves el original y realmente se diferencia mucho del libro anterior. Otra cosa que pasó fue que como Aullido ya tuvo una vida en México y circuló entre mediadores de lectura con muy buenos resultados –uno me dijo incluso que si se iba a reeditar que lo hiciéramos más grande– se lo comenté a Cayetano y ahí está el resultado final. Es más grande, lo que realmente le viene muy bien al libro. Con respecto a la impresión original, el papel terminó por absorber mucho la tinta y Armando Fonseca trabaja mucho los oscuros, así que era importante cuidar, como hace Cayetano, la edición, la impresión y el color. Es decir, que revisamos la edición original para estudiar tanto en el texto como la ilustración y ver qué cambios podíamos hacer, y creo que el mayor cambio es material. O sea, la materialidad del libro como objeto cambió bastante”.

- ¿En qué sentido?

“La portada, por supuesto, es fundamental, y el cierre. Uno ve ahora el original y siente, o sea, yo siento que la edición original es una maqueta, una maqueta final, si quieres, porque circuló. Pero, en todo caso, eso habla bien del trabajo, sobre todo de Armando, porque es sobre todo visual el cambio de diseño y el cuidado de la edición de Cayetano. También cómo fue impreso, cuidar las tapas, las texturas, porque en el original resultaba muy fácil que se dañara ya que la portada de antes no tenía laminado, y eso hizo que el libro también fuera un poco frágil. La edición de Diego Pun es muy especial y bonita y le da una nueva vida al libro. Y por otro lado, también queríamos que la obra se proyectara más, que pudiera tener más salidas”.

- ¿Cómo fue la relación con el ilustrador?

“Cuando Armando y yo hicimos este libro, ya habíamos hecho otro que es muy importante para mí y que quizá sea de mis libros el que más reconocimiento ha tenido, Jomshuk, niño y dios maíz. Y ahí nos conocimos Armando, su pareja que es Amanda Mijangos y yo, y ellos lo ilustraron a dos manos, y nos hicimos muy amigos. Jomshuk es un poema en verso largo, es una épica mesoamericana sobre el maíz, sobre el millo. Y desde ahí somos amigos, y cuando eres amigo del ilustrador puedes trabajar más íntimamente la relación texto-imagen. Si no es así, ese trabajo lo hace el editor, que hace de vínculo, de mediador”.

- ¿Cuál fue la inspiración de Aullido?

“El libro lo inspiró una obra de teatro que se llama Las Bestias Danzan, o El Sigiloso, pero no sabía cómo convertirlo en un libro y se lo propuse a una editora porque me había pedido manuscritos y le dije que tenía ganas de hacer algo con Armando, y aceptaron, y nos reunimos varias veces y apenas hubo mucha más interacción con él porque confío en su trabajo. Además, los ilustradores no se meten mucho con el texto, y no me dijo nada sino que esperó a ver hacia dónde lo llevaba, y solo hubo una idea que conversamos más, que fue la del lobo volcán, o como el aullido que está dicho en la invocación es como una llamarada, como una fumarola, pero el resto lo trabajó por su cuenta, o sea, toda esta idea que desarrolló como de pinturas rupestres fue de él, se dejó llevar por la invocación y lo propuso porque es un artista que tiene un recorrido plástico importante, y creo que conectó por ahí”.

- El protagonista del libro es el lobo mexicano, pero ¿existió realmente el lobo mexicano?

“Sí y no, porque se extinguió, lo extinguieron en los años 70 el gobierno de Estados Unidos y el mexicano a través de una campaña de envenenamiento porque cazaba ganado pero algunos sobrevivieron en zoológicos y reservas, y hace como veinte años un grupo de biólogos empezó a intentar reintroducirlo y si bien las primeras camadas no sobrevivieron ahora hay como medio centenar en libertad. Es una historia triste pero tiene un final esperanzador porque uno quiere que sobreviva el lobo y cualquier otra especie. El lobo mexicano fue un animal sagrado para los mexicas, los mexicas eran los habitantes de Tenochtitlán, del Valle de México y también para los aztecas, digamos, que es el grupo más amplio, el lobo fue sagrado, pero los mexicas, en particular, los criaban, tenían un parque donde criaban lobos, y hay enterramientos en el Templo Mayor del Zócalo de la Ciudad de México, donde se hizo un estudio de lobos enterrados con grandes guerreros. Lobas ataviadas con collares de caracoles, pendientes de jade, pecheras de obsidiana y de eso pasamos a extinguirlo. Y de ahí surgió la obra de teatro. Ellos querían hacer una especie de danza ritual con títeres tamaño real de lobo, y que iban como caminando en el aire, con unos arneses que se ponían en la cintura para manejarlos. El estreno fue en el Templo Mayor, o sea, en el Zócalo de la Ciudad de México”.

- La obra tiene muchas lecturas.

“Sí, puede tener una lectura muy documental, que es lo que estoy contando, y otra específica, pero yo quería que la metáfora pudiera abrirse a pensar que hay un lobo dentro de cada uno de nosotros que a veces se encuentra en el fondo de la cueva para esconderse por miedo a una emoción personal o a una persona. O por miedo a una ciudad, un país, y en ese sentido también el libro plantea un tránsito, un tránsito del miedo, de la persecución, de la desaparición al regreso. Por eso hay una segunda parte donde salimos al mundo, a ya estamos aquí, hemos vuelto, no volveremos a sumergirnos y que es importante celebrar porque se ha atravesado ese miedo y esa persecución y esa desaparición. Un poco ir como de la muerte a la vida”.

- Aullido es un poema en prosa pero ¿cómo se lo vende al público joven para que lo lea?

“La mejor manera de vender a Aullido es abrirlo y leerlo, porque conecta, yo confío en la poesía, incluso sin mediación, debo decir. Aunque hay una mediación que se puede hacer para sacarle más jugo a la experiencia, una mediación que no sea explicación de los versos, que sea contextualización, luego el poema hace su efecto y hay que confiar en esa música, como cuando le pones una canción a alguien, no se la estás explicando, ni detienes la canción para decir mira qué bonito suena. En La Gomera me puse a leer el poema y los niños se sintieron convocados porque por un lado tiene un protagonista de alto interés, que es el lobo, o sea, yo no estoy inaugurando una tradición, el lobo es, dice Marina Colasanti, el gran protagonista de Caperucita Roja, entonces el lobo les interesa y el lobo vinculado a lo musical y al canto ritual les resulta incluso novedoso”.

- ¿Y no les cuesta leer poesía?

“La poesía tiene muchos prejuicios ya que está muy asociada a la rima. Pregunto siempre en los grupos que visito qué es para ellos la poesía y la rima aparece en todas las definiciones, y eso ha desgastado al género, porque entonces parece que solo es una cosa, que es escolar, que hay que medirlo, que hay que aprendérselo, que siempre tiene que sonar y otra manera de acercarlos a Aullido es explicarles vamos a ver otro tipo de poema, que no está en verso, que es en prosa y que plantea una especie de canto ritual que conecta con el volcán interior y considerar sin son capaces de conectar con esos instintos más vinculados a lo animal, en el mejor sentido, a ese territorio común que compartimos porque antes de ser humanos fuimos lobos, o sea, literalmente antes de ser humanos fuimos musgo, fuimos lava, entonces yo creo que se puede tener esas conversaciones y confiar en ellos, yo siempre siento que la poesía es bien recibida por los niños, basta ponerse a leerla. Lo que nos preocupa a los adultos es si la van a entender, cuál es el cuento, el qué pasó, pero ellos llegaron al lenguaje como todos nosotros con los juegos verbales, con el arrullo, con muchas formas poéticas, las jítanjáforas famosas que tienen algo que ver con el conjuro, entonces para mí también esto es un conjuro de magia. Vamos a jugar a invocar el lobo aunque hay quien categoriza el libro como para cierta edad pero creo que es un libro para todas las edades”.

- ¿Ha escrito siempre poesía?, ¿no le tentó la narrativa?

“Empecé con lo fácil, empecé con novela. Lo primero que escribí fue una novela muy autobiográfica, por eso lo fácil, porque en la novela puedes escribir y escribir y escribir, y cuando es autobiográfico, pues es más fácil, entre comillas. Tuve un maestro que me dijo: escribe de lo que conozcas, lo que pasa es que uno descubre otras cosas en el camino. Mi primer libro sigue funcionando muy bien y se desarrolla en una escuela, y cuenta la historia de un niño de quinto de primaria que se enamora de una niña de sexto, entonces es el despertar del deseo y descubrir el amor. Tiene mucho humor y lo escribí para la que era mi novia, que hoy es mi esposa. Mi segundo libro es de cuentos, de cuentos de hadas, y el tercero fue Jomshuk, que es un poema narrativo que llamo novela en verso, y que cuenta una historia y una aventura donde Jomshuk se enfrenta a mil peligros, pero está escrito en verso no rimado, y después publiqué Aullido, que es mi primer poema en prosa. Desde muy pronto me volqué en lo poético pero empecé escribiendo narrativa”.

- Pero ¿no le parece algo tramposo que siendo adulto escriba historias para niños?

“Hay una paradoja y hay muchos autores que hacen trampa porque se hacen pasar por pares, por cómplices, yo soy como tú, mira, hablo así, pero en realidad quieren darles gato por liebre ya que lo que se quiere es que el niño se porte bien, básicamente, y que aprenda a hacer esto y lo otro. Me parece una pregunta muy interesante porque es paradójica de entrada ya que la literatura infantil la hacen adultos. Creo que esa paradoja o esa trampa se puede salvar, o intentar salvar, cuando uno respeta mucho esa paradoja y esa contradicción, cuando eres consciente de que si quieres escribir desde una perspectiva infantil, en mi caso, en mi opinión, tienes que entrevistar a muchos niños, tienes que conversar con ellos. Tengo cosas que he escrito como Aullido en la que me sentí poseído por el lobo milenario, me salió la invocación de una manera que no suelo escribir así, ni suelo ser una persona mística al pensar en términos de que uno sea médium de otras cosas, pero con la invocación fue un poco así, y lo escribí bastante rápido, luego corregí mucho, pero sí, creo que la manera de salvar esa trampa es tratando de conversar con los niños y las niñas y pensar en colaboraciones, como en integrar sus voces en presente. Tengo otros trabajos y otros poemas que he hecho en colaboración con niños, porque sí, y en todo caso también fomento la horizontalidad, y que haya muchos niños y niñas que publiquen, que hagan sus cosas. Animarlos a que escriban los libros que ellos quisieran leer”.

- ¿Qué fue lo que lo animó a dejar la narrativa y a escribir poesía en prosa?

“Fue como un regreso porque lo primero que escribí de adolescente fue poesía, y era lo que más leía, siempre escribí poesía, y creo que lo que me hizo regresar fue una transición suave, fui de lo más verborréico y autobiográfico, de rendir homenaje a los clásicos infantiles a un mito mexicano que reescribí primero en prosa como cuento y luego vi que necesitaba el verso, entonces es un poema, pero es narrativo. No fue una transición de la noche a la mañana pero cuando me di cuenta ya estaba en el terreno poético más que narrativo, pero ahora que me lo preguntas pensaría que a mí lo que más me gusta escribir es poesía narrativa. Me gusta mucho la novela en verso. Estoy trabajando en una trilogía de novelas en verso no rimado y me gusta ese punto medio porque siento que puedo tener lo mejor de ambos mundos”.

- ¿Y qué temas entiende que son importantes en su producción literaria?

“Creo que el vínculo con la tradición oral y con la memoria, con las historias que ya están ahí, o sea, a mí me gusta mucho pensar la literatura como una extensión, como literatura derivada siempre de algo, vinculada a otros textos, a un canto ritual, a un mito que se cuenta de manera oral, a cuentos de hadas que yo leí de niño y a mi propia vida o a las autobiografías que había leído. Y hay como un vínculo con otros textos, como si fuera una continuación de cosas que ya existen y también lo fantástico, lo fantástico vinculado a la naturaleza. Me gustan mucho las historias de regreso a la naturaleza y a ese otro mundo que nos inventamos cuando tratamos de explicar este mundo. Es algo que me llama mucho la atención y que resulta de mucho interés para los niños”.

- Habla de literatura de la memoria y el mito, pero ¿a qué se refiere exactamente?

“Al mito de Campbell, al mito del hombre de las mil caras. Como a todas esas historias que en muchos lugares del mundo nos fueron dando sentido y cuando digo memoria es justamente cómo nos hemos contado. Cómo nos hemos contado esta historia de estar aquí. Y me interesa revisar eso, como esas otras perspectivas incluso de infancia, cómo eran concebidos, qué papel tenían los niños en esas historias. Por ejemplo, en Jomshuk, el protagonista es un niño, es un niño y es Dios, pero nunca crece. Bueno, crece simbólicamente pero regresa con su mamá y le entrega el maíz, entonces me llama mucho la atención cómo la memoria, los mitos y los niños que vemos a nuestro alrededor son como la infancia nuestra, compartida, una infancia en la que yo siento que seguimos. Cuando pienso en memoria pienso de manera amplia qué historias nos han venido constituyendo en esta multiplicidad de mundos, porque es algo dinámico, líquido, y me gusta pensar que los mitos están todos muy mezclados, como que es un mestizaje el de las historias que hemos heredado y me interesa sumergirme en ese mestizaje”.

- ¿Qué lo encaminó a dedicarse este tipo de literatura?, ¿se siente cómodo si la denomino literatura infantil?

“No tengo problema con que digas infantil y sé que es polémico pero ¿sabes por qué defiendo el adjetivo? Porque quienes lo han defendido son los propios niños”.

- ¿Y qué fue lo que le decidió a escribirla?

“Mis primeras lecturas. Recuerdo con mucha claridad la primera vez que empecé a leer Platero y yo, era muy pequeño y apenas había empezado a leer, y es como el típico libro que te regalan, me lo regaló mi madre, y yo lo empecé a leer, y sentí que no entendía nada, pero que estaba accediendo a algo que no sabía que podía darme el lenguaje y la literatura. Una textura en emociones. El pelaje de Platero me abrió un mundo y me dije el lenguaje puede reproducir una belleza que yo no tengo. Yo nunca había tocado a un burrito. Es como que de pronto me dije, ¿cómo es que el lenguaje puede acercar a mis sentidos una textura desconocida y que además sea bello musicalmente? Fue muy importante descubrirlo apenas aprendí a leer. Después decidí dedicarme a la literatura infantil porque me interesan los niños y niñas como interlocutores. Me parecen más interesantes que los adultos. Y lo digo porque empecé a trabajar en un periódico cuando yo no sabía que iba a dedicarme a esto. De hecho, tenía una carrera de periodismo ambiental. Escribía pero no para niños, pero al entrar a trabajar en un suplemento infantil del periódico Reforma, en la Ciudad de México, que salía todos los sábados, se contaba con un consejo editorial infantil con el que nos reuníamos una vez al mes para que ellos criticaran los contenidos del semanario. Yo me ocupaba de las reseñas de libros y de hacer entrevistas y notas ecológicas mientras los niños nos pedían temas que teníamos que cubrir. Estábamos obligados si ellos querían hacer una nota de helados para perros, estábamos obligados a hacerla. Había una persona del periódico tomando nota de todos los temas y estábamos obligados a cumplir con el 80 por ciento de las ideas que los niños pidieran. Y esa relación para mí fue fantástica y quise seguir conversando a través de mis textos con niños y niñas. Hasta entonces, desconocía lo que se estaba haciendo en literatura infantil. El libro álbum y todo lo relacionado con este universo me parecía tremendamente arriesgado pero literariamente fantástico y revolucionario”.

UNA TRILOGÍA FANTÁSTICA

Adolfo Córdova se encuentra en estos momentos trabajando en una novela en verso que protagoniza Centella, la Encantadora del Relámpago, una niña que busca a sus padres desaparecidos y que descubre que tiene la capacidad de hacer llover. Se trata de una figura mítica del sur de Veracruz, la de los hombres y las mujeres rayos, explica el escritor, quien avanza que en la primera parte de la historia y apenas la protagonista ha descubierto que puede hacer llover, tiene la teoría de que sus padres no han desaparecidos “ni los machetearon sino que su mamá es una mujer rayo y su papá es un Nahual”. En la segunda parte, Centella emprende un viaje en búsqueda de sus padres. Primero encuentra al padre que, efectivamente, es un Nahual, que será quien le diga a la niña que su madre está en la isla de los rayos, donde fue a parar tras ser secuestrada. En la tercera entrega, emprende un viaje a la isla de los rayos. La isla de los rayos es un lugar mítico en esta cosmovisión que Adolfo Córdova ha finalizado gracias a una beca que hizo posible que trabajase en estas tres novelas, la primera de las cuales está en proceso de publicarse mientras sigue trabajando en la segunda y la tercera ya que “todavía me falta mucho para terminarlas”, explica.

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