Israel Díaz Reinado: “Me evado gracias a los libros que escribo”
Julio 14th, 2026La almadraba, esa red que tiene forma de laberinto, es una excelente metáfora para revelar la historia que cuenta El fin de ninguna parte (HarperCollins, 2026), una novela en la que su autor, Israel Díaz Reinado (Cádiz, 1973), mezcla, y con habilidad, thriller y método procesal en el escenario de una ciudad y de una provincia como es Cádiz. Los protagonistas de la historia son el inspector de origen asturiano Hugo Monforte y su compañera Candela Martín. Él representa el frío del norte y ella el calor del sur, dos personajes muy diferentes que tienen que trabajar juntos para resolver un caso en el que se ve envuelto un ambicioso empresario de la industria conservera.
- Esta es su primera novela.
“Efectivamente se trata de mi primera novela, novela que he escrito con 53 años aunque lo de escribir me viene de pequeño pero por causas del destino, entre el trabajo y los estudios, nunca tuve la oportunidad de lanzarme en serio a publicar. Tampoco es fácil penetrar en el mundo editorial. Ya había escrito varios borradores que había enviado a editoriales y a agentes literarios pero sin mucho éxito y casi me había rendido pero con el paso de los años y la irrupción de las redes sociales, se me abrieron un poco las puertas. Cuento con varios perfiles en redes sociales y en ellos cuelgo relatos, algunos de los cuales se han vuelto virales y esa comunidad es la que ahora, digamos, me respalda de cara a publicar en editoriales grandes”.
- ¿Y su afición al género policíaco?
“Está unida al amor que siento por mi propia tierra y al género literario policíaco, que más que policíaco diría que es thriller de suspense. Lo que hice fue unir estos dos cauces para dar pie a la obra. Me gusta Cádiz, me gusta hablar sobre Cádiz, de sus tradiciones y costumbres. También de su gastronomía y de sus playas paradisíacas. Era natural que todo eso se convirtiera en el escenario de este libro que, al fin y al cabo, es un thriller de suspense, un thriller policíaco tradicional ambientado en un sitio totalmente diferente, con un escenario completamente diferente al que estamos habituados en este tipo de literatura o de películas”.
- ¿En la novela se preocupó por respetar el acento gaditano?
“No, pero sí las peculiaridades propias del lugar y el tipo de personajes que te puedes encontrar en Cádiz, una capital que tiene bastante personalidad, además de ser un sitio muy pintoresco. Cádiz es un crisol de muchas culturas al que avala tres milenios de historia. Es decir, que por esta tierra pasaron muchos pueblos (fenicios, cartagineses, romanos, árabes) y mantuvo comercio con las Américas. En Cádiz te encuentras una mezcla de costumbrismo y de cosas que no encuentras en otros sitios. Es caldo de cultivo para buscar una historia original, divertida y con pasión”.
- ¿Qué importancia tiene Cádiz en la novela?
“Pues es fundamental, porque el protagonista es un chico del norte, de Asturias, que tras pasar una etapa de formación en Madrid lo destinan a Cádiz y allí se encuentra en un sitio completamente diferente al que él había conocido de pequeño. El mar de Cádiz es muy diferente al de su Asturias natal, que es un mar agitado y de aguas frías y con días de cielos plomizos pero en Cádiz se encuentra con todo lo contrario: clima cálido, viento de levante y aguas azules. Y ese contraste de escenarios acompaña a nuestro personaje que necesita dejar atrás su lastre emocional ya que aparte del caso que está investigando, en el libro mostramos su vida personal y que atraviesa un mal trago, y esa diferencia, esos contrastes, pues benefician al conjunto de la novela. Trabaja en Cádiz junto a su compañera Candela, que es una chica del sur, divertida, sin ningún tipo de lastre emocional. Así que tanto el escenario de aquí, de las playas, y la gastronomía, las costumbres son los que obligan a Hugo Monforte a salir de su agujero”.
- Hugo Monforte y Candela Martín parecen muy reales, ¿están inspirados en personas que conoce?
“El personaje de Hugo Monforte no es una invención al cien por cien mía porque uno se inspira en lo que ha vivido, amado o experimentado. En mi caso, soy muy fan de Pepe Carvalho, y de Pepe Carvalho hay mucho en Hugo Monforte. El personaje de Manuel Vázquez Montalbán es un solitario, alguien que no tiene ataduras sentimentales aunque hay por ahí un romance con una mujer que no termina en nada serio. Carvalho ama mucho el vino y la comida e incluso es cocinero, y mi Hugo Monforte también es un gran amante de la gastronomía. En el libro se describen los platos que le gustan, y de una manera muy minuciosa porque Hugo también es cocinero. Soy un gran admirador también de las novelas de Domingo Villar y admito que en cierto modo también me he inspirado en sus personajes, que allí donde los sitúa en Galicia tienen una relación muy fuerte con los vinos y con la gastronomía de la zona, y con el mar. En lo que respecta a Candela no me he inspirado exactamente en ningún personaje sino más bien todo lo contrario, porque hasta ahora en las novelas negras, o de ficción policíaca, todos los personajes que me había encontrado, tanto masculinos como femeninos, cuentan con un pasado tumultuoso y casi siempre con divorcios o salen de un trauma familiar grave, y con Candela quise hacer todo lo contrario. Es decir, crear un personaje positivo, que todo en ella sean ganas de tirar para adelante. El enemigo, el villano de esta novela se conoce desde el principio. Es el empresario Parraverde.”
- Llama la atención que de a conocer tan pronto quién es el villano de la historia.
“Parraverde aporta al libro mucha riqueza y si bien al principio parece el malo, luego en ciertos momentos es muy humano. En la novela le dice a Monforte que quien actúa mal es Hugo y no él. Parraverde es un hombre que defiende a su familia y a sus trabajadores hasta la muerte mientras el policía tiene una hija a la que apenas conoce. Me gusta jugar con esa dualidad y con esas luces y sombras donde los malos no son tan malos y los buenos no son tan buenos”.
- Antes comentaba que a Hugo Monforte le gusta cocinar, la pregunta es ¿qué piensa Hugo Monforte de la cocina gaditana?
“Hugo se refugia en la comida, y para él es como una especie de parque temático ya que lo que descubre aquí no tiene nada que ver con lo que él conocía hasta ahora. Es decir, en Cádiz es muy típico el pescado frito pero tiene otros productos vinculados a la vid y al vino de aquí, y está el ajo caliente o el mosto, además de los platos típicos de fritura marinera, como la tortillita de camarones, que desconoce y descubre. He intentado que Cádiz sea como una especie de refugio para Monforte, aunque el paisaje esconde muchas cosas malas. La cocina es como su pequeño refugio, el lugar donde olvida los problemas”.
- ¿Y para usted?
“No soy en absoluto gastrónomo ni cocino, pero me gusta mucho comer. Me gusta mucho comer bien y para llevar a cabo esta novela y las que vendrán me gustaría que mantuvieran el mismo tono. En cuanto a cocinar, no, no suelo cocinar, o no suelo cocinar de una manera elaborada, es decir, que no soy una persona que me dedique a pasar horas en la cocina realizando platos elaborados porque yo cocino sobre la marcha”.
- Es ingeniero de datos y ha dedicado su vida profesional al análisis financiero. ¿Escribir le sirve para olvidar su trabajo?
“Sí, la verdad es que sí. Son cosas totalmente opuestas. Escribir me sirve de alivio, de descanso, porque toda la labor que conlleva escribir, no solo escribir, sino investigar, buscar escenarios, estar horas imaginando personajes y apuntarlos en una libreta, todo lo que conlleva la creación de una obra literaria, me relaja y me aleja de lo que es mi trabajo habitual. Yo me evado gracias a los libros que escribo pero hay otros que dedican sus ratos libres a tocar la guitarra o a recitar poemas”.
- ¿Cómo se asesoró para escribir la novela?
“Tengo algunos amigos, casualmente, que trabajan en el ámbito de la justicia, o son funcionarios de prisiones, o bien trabajan de secretario judicial o bien son de la guardia civil, es decir, que tengo varios amigos a los que les pregunto este tipo de tecnicismos cuando tengo algún tipo de duda. En la página final del libro les muestro mi agradecimiento a todos ellos”.
- Una vez comentó que si Vázquez Montalbán hubiera cambiado Barcelona por Cádiz, sus libros habrían sido aún más universales, ¿por qué?
“Por el carácter universal de Cádiz. Cádiz y San Fernando fueron hace dos siglos el punto neurálgico de la política en España. En 1812 nace la primera constitución española que fue promulgada en Cádiz. Cádiz es una ciudad abierta y multicultural que actúa como un resorte e impulsa cualquier tipo de obra, no solo la de Pepe Carvalho”.
- Y al escribir la novela ¿qué ha descubierto de Cádiz que no sabía?
“Nunca se termina de conocer Cádiz. Sus calles son estrechas y sus locales tienen alma y personalidad. Hay ultramarinos centenarios, negocios que han ido pasado de padres a hijos desde los tiempos en que las mercancías venían de América. He disfrutado mucho buscando información para este libro, y no solo de Cádiz capital. También investigué la cultura del atún del almadraba que se describe en la novela, y que desconocía o conocía de una manera muy tímida. He visto el ronqueo, que es el acto de despiezar el atún para cocinarlo”.
- ¿Y de usted?
“Bueno, lo primero que he descubierto es que nada es imposible y que con el esfuerzo y con el tesón se llega a todos sitios. Jamás pensé que publicaría una novela en el grupo editorial más grande del mundo, como es HarperCollins, así que encontrar mi libro en todas las librerías y en todos los centros comerciales de España es un sueño cumplido”.
- ¿Esta novela inicia una saga?
“Ahora mismo tengo en mente otra, una segunda novela con los mismos personajes, y que transcurre en la provincia de Cádiz, pero en un escenario completamente diferente, que ya conoceréis, porque lo que quiero es mostrar la provincia en todas sus facetas, y quién sabe si Hugo y Candela también llevan a cabo algún tipo de investigación en la tercera o en la cuarta fuera de Andalucía. Podría ser perfectamente factible. Hay rincones de España que me enamoran y me gustaría que algunos de ellos fueran escenarios de estas historias”.
- Comentaba antes que en esta novela escribe sobre la cultura de la almadraba, de la que se ha empapado a fondo.
“Hablamos de una cultura que procede de los fenicios y que potenciaron los romanos. Se aprovechan de la corriente del trasiego del atún que cruza el estrecho de Gibraltar para reproducirse y en ese camino se encuentran con la almadraba que es un laberinto de redes que están ahí de tres a cuatro meses y en ese laberinto quedan atrapados los atunes hasta que los pescadores levantan las redes. Se pasa de padres a hijos y tiene su propio vocabulario e idiosincrasia. Es una cultura muy aferrada a la tierra porque nos encontramos en una zona donde apenas hay tejido empresarial y muy poca infraestructura económica. Hablamos de la zona de Barbate, de Los Caños de Meca, de Trafalgar, de Zahara de los Atunes, zonas donde solo hay pesca y turismo, no cuenta con ninguna infraestructura económica que haga que los jóvenes se quieran quedar”.
Saludos, viva Cádiz, desde este lado del ordenador












