Solo seis, una historieta comprometida

Julio 6th, 2026

Para un país tan esmirriado como es el canario que un guionista y dibujante de cómics (tebeos, colorines, chistes…) como Eduardo González publique parte de su trabajo hay que tomárselo casi como un milagro. Es verdad que lo que fabula en forma de historieta apenas sale de la isla y con un poquito de suerte del archipiélago, pero es que Eduardo publica en un sello independiente que por otro lado está desarrollando un elogiable trabajo en favor de los cómics y que ha volcado en nuestro dibujante y guionista los esfuerzos para dar a conocer una obra que se caracteriza por su oficio y sobre todo porque deja la impronta de una poderosa personalidad detrás de cada viñeta que le ayuda a construir una historia.

Eduardo González es un autor que mastica y digiere tanto trabajos propios como ajenos. A él le debemos las pulcras adaptaciones al cómic de libros señalados de la literatura canaria como Mararía y La lapa, de Rafael Arozarena y José Betancor bajo el nombre de Ángel Guerra, respectivamente, también trabajos de creación como Dentro de la noche, entre otros. En Solo seis. La historia de Salimata Sangare, traduce en imágenes una de las piezas que Juan Manuel Pardellas incluyó en su día en Héroes de ébano. Pardellas es el autor además del prólogo de la novela gráfica que firma Eduardo, novela gráfica en la que el dibujante y guionista tinerfeño además de ilustrar el relato lo interpreta con el uso del blanco y negro, grises y del rojo como colores absolutos con los que retratar esta tragedia, fruto de la inmigración, fenómeno o problema según unos y otros muy de actualidad en Canarias.

En este sentido, si la mirada de Pardellas en el libro fue la de contar casos aislados de entre los muchos que llegan a las islas para que empaticemos con una realidad que parece que no quieren aceptar en Madrid, Eduardo centra su atención en los personajes y a través de una interesante planificación acercar al lector a ese otro universo de vida que es el que navega en patera a Canarias. Para ello, y como dibujante, Solo seis (el título es muy indicativo ya que solo seis fueron los que llegaron a la isla a bordo de una endeble embarcación) es un cómic que despierta conciencias que probablemente permanecieran dormidas y manifiesta el talento que tiene el guionista y dibujante para recoger en viñetas la realidad de una realidad que no termina de encontrar una solución.

Eduardo González consigue en su ejecución técnica mostrar las verdades y mentiras que rodean todo este rompecabezas que forman como piezas hombres y mujeres. Hombres y mujeres que son capaces de desafiar al destino y lanzarse al océano con lo puesto y una sola idea en la cabeza: llegar a Europa con la esperanza de encontrar trabajo y enviar dinero a los suyos. Que sean muy pocos los que consiguen cumplir este sueño es otra historia, pero en esta novela gráfica el autor de Dentro de la noche sí que consigue emocionar y que el lector se identifique con el protagonista mientras vive con él los peligros que padeció en la mar.

Este es el relato de una de esas pateras que se quedaron a la deriva durante días cuando los patrones abandonaron a su suerte a todo los pasajeros en el Atlántico. Pasajeros, es importante apuntarlo, que desconocían los caprichos del mar y el arte de la navegación. En la historieta y de forma paralela, se narra la respuesta española al tener noticia del suceso. Cómo se moviliza para rescatar esa embarcación que se encuentra a la deriva, momentos que son reflejados por el dibujante con trazos enérgicos pese a su aparente sencillez, una de las características del estilo de Eduardo González, así como la de comprimir lo complejo y transformarlo en algo accesible, que llegue a todos los públicos con independencia de la edad.

Otra de las características del artista es su sentido del color, en esta historieta negros, blancos, grises y rojos, con los que transmite no solo lo que sienten los personajes sino también la agresividad, siempre contenida, que encierra en cada viñeta.

Se trata de un álbum con un corte muy cinematográfico que casi parece resultado de un story board muy mejorado. Debe ser además una de las primeras historietas que se dibujan y escriben en las islas en la que los inmigrantes son los protagonistas. Que sea a través de ellos como se cuente una historia que está preñada de tragedia, de esperanzas frustradas que se quedaron rotas en el fondo del mar. Historias en las que el africano se revela como lo que es: un ser humano que busca vivir. Y es tanto ese anhelo, que es capaz de lanzarse al océano para cumplirlo. Por desgracia, y en esta novela gráfica, solo seis lo consiguieron. Otra cosa es lo que vino después, que ya instalados en la tierra prometida el sueño se hiciera realidad.

Esta no es las primera novela gráfica de “encargo” que asume Eduardo González porque Mararía y La Lapa también lo fueron, como lo fueron Solución pilates, con guion de Santiago Suárez y La pistola que Millán Astray regaló a mi abuelo, que firma Francisco Pomares y que dio resultado a un interesante tebeo en el que la memoria familiar desempeña un importante papel dentro de la misma historia.

Saludos, lo que han leído, desde este lado del ordenador

Demasiadas cosas perdimos en Cuba

Julio 1st, 2026

“Sigo siendo el soldado entusiasta, el ferviente defensor de mi patria ofendida; pero esta no es la guerra con que yo he soñado; falta en ella la solemnidad, el quid divinum que todos los idealistas sabemos ver en nuestras concepciones; yo hubiera hecho un gran papel siguiendo, encerrado en mi estuche de acero, al gran duque de Alba, o caminando junto a Napoleón entre los hielos de Berésina.

Yo no sé si nuestro enemigo es un fantasma invisible o es una quimera forjada en un cerebro quijotesco”.

Vocación, Eduardo Barriobero,
Pepitas de calabaza, 2025

Descubro gracias a la editorial riojana Pepitas de Calabazas, sí, la misma que publicó el año pasado Niñas sucias, de la escritora tinerfeña Elena Correa, la conmovedora novela Vocación, escrita por Eduardo Barriobero y publicada hace más de cien años y que se desarrolla mayoritariamente en Aragón pero también en Madrid y en la guerra de Cuba, donde va voluntario el protagonista de esta historia, Pepe Alcañiz, no por ganarse la gloria en campos de batalla que pronto descubre que no existen en aquella guerra de emboscadas violentas en la manigua, sino porque quiere servir a su patria, patria que a medida que avanza el relato descubre el mismo Pepe y el atribulado lector que solo existe en su imaginación.

Los capítulos que se desarrollan en la que fue una de las últimas colonias que perdió lo que quedaba entonces del apolillado imperio español, son cartas que Alcañiz envía a su sufrida novia María Sádaba y a su mejor amigo, León Lozano y es un episodio que marcará a Alcañiz, porque lo que ve y escribe de Cuba es una pesadilla hecha realidad en la que el ejército español actúa con una violencia cruda y represora y, al mismo tiempo, descuida el cuidado de sus soldados que son, a fin de cuentas, los que se enfrentan a ese ejército fantasma de rebeldes independentistas que se esconden en la selva mientras los héroes de España caen como moscas más que por los combates de guerrilla por las enfermedades tropicales.

El estudiante que conocemos en la primera parte de esta sorprendente novela regresa a España cadavérico y cambiado por lo que vio en aquella isla del Caribe que luego se lloró tanto cuando se dejó perder, así que malvive como puede, y si algo lo sostiene para no hacer lo irreparable, es el amor que le tiene a María que, pese a que apenas reconozca al hombre que vino del Caribe, sigue unida a él por lazos sentimentales que nada ni nadie puede romper. Eso al menos es lo que piensa la pareja, aunque tras el regreso a España de Pepe las cosas irán paulatinamente cuesta abajo, y cada vez más deprisa y sin freno.

Eduardo Barriobero fue todo un personaje en la España de su tiempo, una España que dio al mundo ejemplares como el autor de esta novela. Intelectuales con vocación de denuncia y a la vez hombres que no podían estarse quietos. Su vida es casi como una carrera en la construcción no solo de un ideal que tiene claras alianzas con las corrientes anarquistas de su tiempo sino también de un profundo compromiso moral que en él se caracteriza por un sentido de la dignidad que quizás hayamos perdido para siempre en estas Expañas en las que vivimos.

Por lo que se sabe, se mantuvo leal a la II República y durante la Guerra Civil el Gobierno legal propuso su nombre para que fuera presidente del Tribunal Supremo pero rechazó el cargo para presidir la Sala de lo Criminal, También fue nombrado fiscal general de la República aunque en septiembre de 1937 fue acusado de apropiarse de una sustanciosa cantidad de dinero, acusación de la que lo absolvió el Tribunal Supremo aunque permaneció el resto de la guerra en prisión.

Tras la caída de Barcelona, Barriobero se negó a exiliarse a Francia, pese a que había sido nombrado caballero de la Legión de Honor, por lo que fue detenido y ejecutado por el ejército rebelde. Fue enterrado en los fosos de Montjuïc.

Me consta que dejó una obra literaria que sin ser demasiado extensa cuenta con títulos de interés. Vocación, la novela que recupera ahora la editorial Pepitas de calabaza es una clara demostración que se trata de un autor contestatario al sistema, aunque su retrato de las clases medias y bajas con las que se relaciona el protagonista de la novela resulten muy desesperanzadoras. Ataca además y con violencia verbal no solo al ejército sino también a una justicia enrevesada y contaminada por una burocracia que convierte a los funcionarios en hombres sin alma. Si que derrama, aunque sin excesos, cierta benevolencia hacia los marginados mientras pinta un retrato ferocísimo del sistema penal de su tiempo, ya que prácticamente la tercera parte de Vocación (el título es de una descarnada ironía) transcurre en una cárcel donde da con sus huesos el protagonista, que se ve inmerso en un proceso judicial que casi parece kafquiano, ya que esa fuerza invisible que llaman ley parece en la novela que fue creada por el hombre para enterrar a los hombres.

El único defecto que le encuentro a Vocación es que una vez terminada se acabó, ya no hay más descenso al horror, a este retrato penoso pero muy real que hace de un país, España, que maltrata a sus héroes y promociona a sus villanos. Ese grupo de mediocres que cree estar por encima de todas las cosas y que aplasta a las personas honestas y creativas por miedo. Todo esto se encuentra en una novela que se publicó hace más de noventa años, lo que se aprecia en un lenguaje de época pero que significa también otra seña de identidad de una obra y de un autor que pedía a gritos una urgente recuperación. Se trata además, de uno de los poquísimos escritores españoles que se preocuparon por reflejar en sus novelas el mundo carcelario de su tiempo. Pienso, ahora mismo, en otras novelas que se sumergen en este universo opresor y cerrado como Los vivos muertos de Eduardo Zamacois y Cabo de vara de Tomás Salvador. Es probable que haya alguna más pero no tantas como uno imaginase, y es que este país, literariamente, se acostumbró hace tiempo a mirar a otro lado como si no quisiera hurgar en sus miserias morales que son, por desgracia, demasiadas.

Saludos, muy agradecido por la sugerencia, desde este lado del ordenador

La Huracana es Lanzarote

Junio 30th, 2026

Leo por algún lado que los personajes protagonistas de la novela Cuando el miedo llama a un hombre, escrita por Carlos María Ydígoras, se inspiró en los pescadores de Lanzarote. Imagino que observar su trabajo durante unas vacaciones o por trabajo despertó en él sensaciones que igual creía que había olvidado. Se quedó petrificado o al ver la labor que toda esa gente desarrollaba en las aguas nada tranquilas del Atlántico. Debió de pensar este aventurero reconvertido en escritor que ahí había un buen material para escribir una historia. Una historia que en el ejemplar que llega a mis manos y publicado por la editorial Arrayán en 1961, está dedicado por el propio autor a Luis Diego Cuscoy “en la amistad y la admiración hacia su gran obra ‘guanche’”, guanche aparece entrecomillado, lo que me hace pensar que lo que leí, que los pescadores y el paisaje de la isla de Lanzarote inspiró realmente al escritor es verdad, aunque la disfrace.

Lanzarote es en la novela un Archipiélago de violento nombre, La Huracana, una isla que moldeó la lava y el carácter de unos hombres y mujeres que se forjaron en un desierto negro, de rocas deformadas por el fuego que se expande hasta llegar al mar. Y también están los vientos: “por lo que los vientos alisios, encolerizados muchas veces, resecándolo, lo recorrían sin pausa. Como poniéndose a tono con los camellos que en él vivían, las arenas lo amarilleaban en gran parte. Melancólico, terrible en la época de los huracanes, semejaba despojos de algún mundo perdido y a la deriva”.

El archipiélago de La Huracana se encuentra “más bien cerca que lejos” del gran desierto africano, “del que llegaba su aliento y, en ocasiones, sus arenas” y lo forma una única isla habitada, La Huracana, que mide sesenta kilómetros de perímetro y cuenta con cinco islotes, “de los cuales el mayor y menos inhóspito era el de Los Náufragos, un peñasco de lava vieja de cuatro kilómetros de diámetro, contra el cual fueron a estrellarse navíos de paso y, antes, cuando se celebraban romerías, embarcaciones conduciendo devotos de la Virgen de las Olas”. Entre ambas, explica el escritor, se extiende un brazo de mar que se conoce como Brazo Tiburón y que no cuesta demasiado esfuerzo situarlo en la isla que inspiró este relato. Otro de los islotes se llama de Las Aves, un refugio de inmensas colonias de pájaros marinos y donde el mar da con mucha violencia contra las rocas.

En La Huracana viven unas dos mil familias, la mayoría de ellas dedicadas a la pesca. Ydígoras los describe como gente arisca y supersticiosa, y muy leales a la ley del mar. En general, este perfil recuerda al del marinero de El viejo y el mar, tipos obstinados y encallecidos por las violencias del océano y de los poderosos rayos del sol. Gente fuerte y bravía que ha puesto su honor en el ánimo de resistir los embates de la mar salada y, escribe, la mayoría de ellos descienden de “una tribu que fue derrotada por los que después serían sus dueños, condenándose a vivir en el ostracismo”.

No hay, como se ve, una descripción paradisíaca de La Huracana pero su caprichoso paisaje está muy presente a lo largo de toda una novela poblada de personajes a los que ese mismo paisaje ha contrahecho. Se trata de gente que vive a dos velas, muy espartanos de carácter y que suelen comer “pescado cocido en sal y sazonado con mojo picante y unos sorbos de harina de maíz escaldada”.

La novela está protagonizada por Juan Terranova, que tiene 23 años y facciones “correctas” pese a una cicatriz que se ganó cuando le salvó la vida a un compañero uno imagina que en la mar, aunque no lo revela el escritor. A través de las páginas del libro seguiremos sus peripecias al tiempo que se describe la dura vida de los pescadores y sus creencias, algunas ancestrales como es la de escuchar a una bruja que es capaz de curar todo tipo de males como de causarlos si eres víctima de cualquiera de sus hechizos.

No termino de entender cuáles fueron las razones que llevaron a Carlos María Ydígoras a desarrollar la novela en ese archipiélago ficticio y no en Lanzarote, sobre todo cuando encuentro un recorte de prensa –fechado el 30 de junio de 1959– en el que el semanario lanzaroteño Antena publica la noticia que el escritor “escribirá una novela y un guion cinematográfico sobre Lanzarote titulado Volcán”, al mismo tiempo, se da la noticia que tiene la intención de “embarcar en un velero como tripulante con rumbo a Cabo Blanco (en la frontera entre Sáhara y Mauritania)”.

Son muchos los miedos que atraviesan el cuerpo de esta novela. Ahí está el miedo a la mar, que no caiga ni una gota de lluvia sobre la superficie volcánica de la isla y el miedo a la muerte como a la vida, y todas estas cuestiones las intenta resolver Carlos María Ydígoras, que ejerció toda clase de oficios — fue marino, minero, traductor, periodista, escritor y combatiente. Sus experiencias como soldado en la División Azul las dejó reflejada en Algunos no hemos muerto, que se trata de una de las grandes novelas que se han escrito sobre la División Azul. Cuenta además con desconcertantes ensayos históricos, varios de ellos dedicados a los Estados Unidos en los que sorprende por su visión profunda y razonadamente antinorteamericana como vuelca en Los libertadores USAS y América contra América. El hermano yanqui aunque su única novela con un acento apócrifo canario fue esta que comentamos.

Saludos, contra vientos feroces, desde este lado del ordenador

Muchos gritos y muy pocos susurros

Junio 25th, 2026

Me cuentan que sucedió hace unas semanas y que esto es resultado de los comportamientos de un director insular de Cultura, Conrado Álvarez Fariña al que educaron, repitiendo la palabra que pronunció en un programa de televisión el periodista Francisco Pomares a un socialista la semana pasada, como un “malcriado”. Habría que recordar, y deberían de tomar nota Rosa Dávila y Lope Afonso, como presidente y vicepresidente del Cabildo de Tenerife respectivamente, que quien lo puso ahí a dedo fue José Carlos Acha, alias Pepón en los mentideros culturetas, que es quien ahora debe estar planteándose si matricula a su adlátere en un curso acelerado de cómo comportarse para dejar los malos modos (entiéndase falta de educación, gritos y gruñidos) en casa.

Se hace constar que cuando una persona estrena cualquier tipo de responsabilidad debe establecer una estrategias de comunicación con la gente que tiene a su servicio y eso no se ha hecho ni lleva camino que se haga en esa nave a la deriva que es la consejería de Cultura del Cabildo Insular, un reducto que se caracteriza por un estilo, el achista, que consiste en no hacer nada dando la apariencia que se hace mucho (de ahí la obsesión por salir en la foto). Esta preocupación por la imagen a veces produce situaciones perturbadoras como una que, recientemente, el consejero subió a sus redes sociales y en las que aparece rodeado de un grupo de personas en la sala de arte del Casino de Tenerife. Que haya una sala de arte en un templo dedicado al juego es una cosa que no termino de entender aunque este último año ha sido tan extraño, tan raro, que al final ya no me sorprende nada de nada.

En la imagen de la vergüenza, esa que fue tomada en la ¿sala de arte? del Casino de Tenerife, que se encuentra en los bajos del Hotel Mencey, se puede ver junto a Pepón, ups, José Carlos Acha, a ese pintor (dícese) que si tiene algún talento es para encontrar padrinos y contar con una agenda de contactos muy envidiable. El pintor (vamos a llamarlo así) es Alejandro Tosco, un artista (ídem) que sin padrinos ni contactos no llevaría la inexplicable carrera que lleva en este archipiélago demasiado acostumbrado a que lo gobiernen los imbéciles que van de listos.

Vamos, que Acha lo mismo aparece acompañado de Conrado amo mis gritos que del histérico Mr. Ego, el que vende por todos lados que es jefe de servicio del área de Cultura del Cabildo de Tenerife, lo que da una idea del nivel intelectual y de la sensibilidad artística de este nuevo trío Los Panchos, solo que lo que es cantar, cantan poco. El caso es que son las cabezas rectoras de las políticas culturales que emanan del Cabildo insular. Es decir, que son ellos los responsables de los numerosos desaguisados que están brotando como setas en un año que se precipita a comicios electorales. Su gestión, como me la definió un querido y perspicaz amigo es la de un iletrado, la de un mago muy bestia que se las da más que de servidor de beneficiario público. Solos tres pequeños botones de muestra con el fin de que se hagan una idea de lo que hay: uno de ellos todavía comete faltas (y muy gordas) de ortografía, otro confunde como familia de Alfonso García Ramos a otro que se apellida igual pero que no tiene ningún parentesco con el autor de Guad y un tercero que va dando voces para hacerse respetar. En fin, que así está el patio.

El caso es que hay serios problemas con el viaje previsto de la Orquesta Sinfónica de Tenerife a Holanda. Hasta tal punto es la gravedad de este problema que el personal de la OST “está de brazos caídos contra el nuevo director insular”, el amigo Conrado Álvarez Fariña, quien se ha ganado fama de déspota porque quieto todo el mundo… Su palabra debe ser ley, caviar para los oídos de los administrativos que tiene bajo su mando. Yo ordeno y los demás me obedecen sin rechistar. Nada de diálogo, de conocer al otro… Con Conrado, me dice alguien que lo conoce desde sus tiempos universitarios, tienes que acatar lo que te dice sin rechistar. Si lo que es negro para él es blanco, es blanco y no negro.

Me cuentan que alguien muy de arriba del Patronato Insular de Música le recordó a Conrado que no pertenecía al consejo de administración y que no tenía autoridad sobre ninguno de los miembros de este órgano. En todo caso, le aclaró, acataría lo que le dijera el consejero (que es ese osito panda que responde al nombre de José Carlos Acha) aunque la reacción de Conrado fue mover cielo y tierra con Recursos Humanos para que le abrieran un expediente disciplinario al protestón. El problema es que el protestón “tenía razón por lo que sería deseable que Conrado aprendiera el funcionamiento de las administraciones públicas”. Este es el resumen de lo que le explicaron al Director Insular de Cultura desde Recursos Humanos, aunque no procesó lo que debió de digerir como una derrota y en represalia cambió los trámites de los traslados de la OST a Holanda, trámites que ahora asume Cultura y no el Patronato, lo que ha generado otro malestar en un área que le viene demasiado grande al consejero y sus cuates, gente voluntariosa pero de muy bajo perfil humano.

El caso es que las dos personas que llegaron de la mano de Acha no se han molestado en ensamblar y conocer al equipo con el que trabajan. No se ha hecho y no se hará. Y mucho menos a estas alturas del partido. Acha mira mientras tanto a otro lado, o desoja la margarita echando días pa’trás, preocupado por los números que revelan las primeras encuestas de las elecciones del 2027. O 2026 si todo se precipita.

Me cuentan que lo que se respira dentro de Cultura es aire viciado, lo que no es nuevo porque las personas que vienen y las que se han ido tienen sus ideas, aunque en este caso y si por algo se caracteriza la responsabilidad que ahora ocupa Acha es por resultar tan extremadamente casposa y mediocre, lo que me hace sospechar que la consejería que dice que dirige está enferma, y que si necesita algo es a un cirujano de hierro y no a un trío que ya huele a podrido y un poquito a col hervida. Y que si algo sabe hacer es salir en la foto (en cualquiera y con cualquiera, eso da igual); gritar para hacerse respetar (¡!) o hablar de fútbol con el sufrido y doliente administrativo que se le ponga a tiro a cualquiera de estos tres.

Y sí, esto es el nivel. Y solo es la punta del iceberg.

Saludos, seguimos en la trinchera, desde este lado del ordenador

Hotel Madrid, una novela de Emilio González Déniz

Junio 22nd, 2026

John es un artista, un genio –explicó Latines– y los genios deben amarse a sí mismos, es la única manera de hacerlo.
Entonces estuve segura de que John no era un genio, sino un hombre. En algún momento sentí que me amaba, aunque la única declaración de amor que obtuve de él fue por escrito y en inglés. Pero estoy segura de que hubo tiempo, tal vez muy corto, en que me amó: las horas doradas con John Huston. Para mí era suficiente”.

Hotel Madrid. El amor secreto de John Huston, Emilio González Déniz, Algaida, 2000)

La primera vez que leí Hotel Madrid, de ese gran fabulador que es Emilio González Déniz, fue en fotocopias que me pasó el propio autor porque la novela estaba y sigue estando agotada desde su publicación hace ahora 26 años. Hace unas semanas tuve la suerte de encontrarme con un ejemplar en la librería solidaria Solican, a la que todos los lectores que somos visitantes habituales deberíamos de erigirle un monumento. El ejemplar que adquirí me hace pensar otra vez (y ya van) que pese a que Emilio González Déniz es uno de nuestros más originales escritores, éste continúa siendo en gran parte un desconocido no ya en su propia tierra, Gran Canaria, sino en el resto de las islas y las Expañas peninsulares, lo que se trata de una injusticia, una de esas injusticias que de tan gordas no se resolverán nunca en nuestro esmirriado país canario.

Le tengo, como lector, especial cariño a Hotel Madrid. Será porque considero el Hotel Madrid un símbolo de la capital grancanaria y no porque allí pasara una noche el general Franco antes de volar a Marruecos y más tarde aterrizar en la Península y contribuir en su propio beneficio al fin de las Españas como país que tanteaba entrar en la democracia republicana, sino porque ese hotel está situado en una zona que a mi me encanta de la ciudad. El nombre del hotel me evoca además una cariñosa remembranza. Será por lo que significa Madrid. Una palabra que es mucho más que una ciudad.

La novela de Emilio González Déniz es muy de Emilio González Déniz. Es decir, está en ella las señas de identidad literarias que he ido detectando en un escritor que tira de la memoria para construir historias. Sean estás verdad o mentira. Yo prefiero pensar lo último cuando se trata de ficción literaria. Y en el relato imaginado, González Déniz es un maestro, y en eso también lo diferencia de otros escritores que se inspiran en hechos reales para construir historias, muchos de ellos acorralados porque procuraran ser lo más exacto posible a lo que conocemos que sucedió pero no inventan, no crean, no hacen ficción.

El autor de novelas como La mitad de un Credo, reeditada por la barcelonesa Alrevés hace un año, fabula, crea una historia tremendamente original inspirada en hechos reales en la que Emilio González Déniz inventa y hace ficción donde otros no lo harían. Y el resultado final es una novela que se sigue leyendo y disfrutando como hace 26 años.

Hotel Madrid es una historia que nos narra el escritor a través de tres de sus protagonistas (Dácil, John Huston y Latines), también una tercera persona que pone en situación al lector y un personaje que viene a aparecer al final que los muy atinados podrán pensar que se trata del mismo González Déniz. También se puede preguntar, aunque pierde el tiempo, qué hay de verdad en este relato y qué hay de mentira pero la mejor respuesta es dar un y qué más da. Lo importante, lo verdaderamente mágico y especial de esta historia de amor (así, como lo oyen, de amor pero también de amor a la amistad) es la forma en cómo se cuenta y el tremendo cariño que siente el escritor por sus personajes.

Leyendo Hotel Madrid no dejaba de preguntarme cómo no se le ha ocurrido a nadie adaptar esta novela al cine o convertirla en una serie. Reúne todos los ingredientes para entretener al espectador más bregado como al que no, y propone un recorrido geográfico sobre una capital que cuenta en Emilio González Déniz con uno de sus mejores narradores. Es una pena que en Santa Cruz de Tenerife los mejores que la han retratado ya no se encuentren entre nosotros, pero como dejó escrito Pedro García Cabrera: la esperanza me mantiene…

En la novela, el escritor grancanario tiene la osadía de meterse y de meternos dentro de la cabeza de sus personajes y más que escorarse hacia una novela de y sobre cine, lo que hace es contarnos la historia de amor que nace entre un cineasta de origen irlandés mal hablado y aficionado a los licores con una mujer a la que la cerrada sociedad de aquellos días margina por ser la esposa de un rojo al que asesinaron los vencedores de aquella guerra que nunca tuvo que haberse producido.

El otro ángulo de este triángulo lo ocupa Latines, un periodista honesto y de los que sabe buscar noticias hasta debajo de las piedras y si no las encuentra, inventárselas, que muchos reconocerán en la vida real como quien fue uno de los alcaldes más originales que tuvo Las Palmas de Gran Canaria, un hombre irrepetible aunque su espíritu seguro que recorre las calles de la ciudad llevándose las manos a la cabeza.

En esta realidad paralela que propone Emilio González Déniz, en esa Palmas de Bardinia que no es otra que Las Palmas de Gran Canaria, se producen momentos muy cómicos que a mi me han hecho reír, y reír cuando leo –me pasó hace unas semanas con Don Luis se divierte, de Eduardo Zamacois– es una de las experiencias más gratificantes que tiene el acto de leer. Se habla además de la primera visita de Huston a Palmas de Bardinia mientras planea rodar una película en el desierto del Sahara que nunca llegó a realizarse y más tarde del rodaje de Moby Dick.

Gregory Peck y Orson Welles intervienen como muy respetables secundarios y aparece el rodaje de Tirma, que aquí, en la novela, se retitula El capitán y la salvaje, que protagoniza la exuberante Claudia Stromboli, La Stromboli, por la despampanante Silvana Pampanini, un torbellino que exhala sexualidad por todos los poros de la piel aunque como actriz no valga mucho. La Stromboli es otro de los grandes personajes secundarios de esta novela.

En definitiva, que Hotel Madrid mima a todos los que intervienen en su peculiar universos y se trata de una historia (ese fue nuestro caso) que invita a releerla para redescubrir donde ya habías descubierto y disfrutar con una historia que aunque al final te deje cierto sabor agridulce eso pasa porque te conmueve y es buena literatura. Y lo que escribe Emilio González Déniz es buenísima literatura. Ficciones que se inspiran en hechos reales para demostrar –una vez más– que la imaginación supera a la puñetera realidad.

Saludos, veamos otra vez El tesoro de Sierra Madre, desde este lado del ordenador

Dos presentaciones, fin de un rodaje y un libro

Junio 17th, 2026

* Nicolás Dorta y Bruno Mesa, además de ser dos de los mejores escritores y poetas que tenemos en este archipiélago en el que más que bailar al son del tambor se baila al del silbato, son dos inmejorables conversadores. Gente que habla y que escucha, y no solo habla. El viernes 19 de junio tendrán la oportunidad de darlo todo, que es lo que hacen por costumbre, en el teatro Leal, La Laguna, espacio en el que conversarán sobre la escritura pero seguro que de más cosas. La charla forma de Soplo de letras, y estos dos hombres y un destino comenzarán a cantarse las cuarenta a partir de las 19.45 horas.

* El viernes se estrena también Kid Vereje, el primer trabajo como directora de la productora Ana Sánchez Gijón. El lugar será en los Multicines Tenerife, a las 19 horas. Kid Vereje permanecerá en cartel del 19 al 25 de junio en horario de 17.30 y 19.00. La película refleja la peripecia vital del exboxeador canario Juan Fernando Pérez León, doble campeón de España de boxeo amateur en 1989 y 1990.

* Realizada durante cinco semanas en localizaciones naturales, ha finalizado el rodaje del largometraje Los Silenciados (The Silenced) en la isla de Tenerife. La película es una producción de Loma Films, Anaga Media y E Media Canary Projects. El filme está dirigido por Flavio Pedota, y se trata de una historia de terror psicológico contemporáneo que protagonizan Alexandra Essoe, Jesse Moss, Costas Mandylor, Malena González, Toni Acosta (‘A una y Luifer Rodríguez.

* Poelíticamente (1998-2024) es el nuevo libro del poeta, profesor e investigador José Miguel Perera Santana (Arucas, Gran Canaria, 1978), y en él se recogen los cuadernos líricos que hasta ahora ha publicado desde que comenzó a gestar versos en el propio municipio que lo vio nacer y crecer, particularmente en el barrio de La Goleta. El volumen anda recorriendo Canarias desde comienzos de 2026.

Y…

Saludos, hermanas y hermanos, desde este lado del ordenador