Kid Vereje, retrato íntimo de un boxeador
Octubre 15th, 2026Ana Sánchez Gijón es conocida en los ambientes audiovisuales canarios como productora. De hecho, La Mirada Producciones es resultado de ese trabajo a veces entusiasta de hacer películas. En la década de los años 90 del pasado siglo, inauguró la senda de coproducciones con otras pequeñas empresas locales dando como resultado algunos cortometrajes que tocaron el cielo. Entre otros, Esposados, de Juan Carlos Fresnadillo, el primer corto español candidato a los Oscar de Hollywood, y proyecto en el que también intervinieron Zodiac Films y Papi Producciones; La raya, de Andrés Koppel y El último latido, de Javier Fernández Caldas.
También sacaron adelante Ruleta, debut como cineasta del escritor Roberto Santiago y de otros trabajos como la serie de animación Cleo, que también fue una de las primeras sagas animadas producidas en este archipiélago abandonado de la mano de los dioses. Un libro publicado el año pasado cuenta la historia de La Mirada desde las –no iba a ser menos– distintas miradas de sus colaboradores. Es un trabajo que explica como La Mirada golpito a golpito fue pionera en hacer posible esto que algunos llaman cine canario.
Era hora que Ana Sánchez Gijón se pasara a la dirección y Kid Vereje es su ópera prima. Una película pequeña, de presupuesto muy reducido, pero que está narrada con honestidad y una mirada profesional que si se le quita el barniz poético con el que la ahora cineasta nos cuenta la historia, hubiera resultado otra cosa. La película de Ana Sánchez Gijón logra que me emocione y que descubra una serie de personajes, entre ellos el mismo Juan Fernando Pérez, Kid Vereje, que nos narra su historia a modo de autobiografía.
Kid Vereje ¿es un documental? En todo caso es una película que se suma a esa corriente que se ha desplegado en el cine canario –en ese cine canario con denominación de origen canario– que unos llaman cine de realidad, y que otros describen como un producto híbrido entre el documental y la ficción. Este cine se preocupa por lo que muestra mezclando narrativas. Estas narrativas resultan a veces muy ingeniosas, el ingenio ayuda cuando el presupuesto se resiente aunque es tan buena la historia de Juan Fernando Pérez, su antes, cuando llegó a ser Kid Vereje y la de presente, la familiar, que la película tiene un latido muy especial.
Esta es la historia de un hombre que nació con todos los boletos para ser un perdedor aunque gracias a su tenacidad y a la suerte de encontrarse en la vida con personas que le mostraron el camino correcto, Kid Vereje aprendió a ser Juan Fernando Pérez.
Esta es la historia también de un hombre que aprendió a ganarse la vida con los puños encima del ring y que pudo haberse convertido en una leyenda del boxeo canario y español si las circunstancias no hubieran sido tan adversas.
Uno de los elementos más atractivos de Kid Vereje es como nos cuenta esta historia. Y quién nos cuenta esta historia. El mismo Juan Fernando Pérez, quien a veces se dirige al espectador, o actores (leo que uno es su nieto) que lo interpretan en su niñez y juventud.
Esos años de aprendizaje son muy crudos aunque el filme se desliza por ellos sin hacer sangre. Tampoco insiste en su carrera pugilística. La película es el retrato de un hombre que además fue boxeador y al que no le faltó amor. Es verdad que el amor aparece cuando uno menos se lo espera y quiso la fortuna que así fuese en el caso de Kid Vereje, que tuvo que colgar los guantes al no contar con patrocinios que respaldaran una carrera que llevaba camino de culminar con éxito.
Pero no lo quiso el destino, aunque como enseña en la película, tiene una habitación en la que guarda sus recuerdos de vida pugilística y mantiene el vínculo con otros boxeadores a los que reúne en su casa para almorzar. Entre los compañeros, Miguel Velázquez, protagonista del documental Miguel Velázquez. El catedrático del ring (David Cánovas, 2025), filme que recuerda también la afición y el número de boxeadores que generó la cantera tinerfeña aquellos años.
Pero Kid Vereje no es, como si lo fue el documental de Miguel Velázquez, una película sobre el boxeo en esta minúscula isla del Atlántico, sino el retrato de un hombre sencillo, que no disfrutó de una infancia y adolescencia tranquila, que acarició las mieles del triunfo cuando fue boxeador y cuyo sueño se quebró al darse cuenta que tenía que colgar los guantes.
A su alrededor, orbita una serie de personajes secundarios que están muy unidos a la vida de un deportista que hoy es un hombre meridianamente feliz, o al menos satisfecho con el trabajo realizado fuera y dentro del gimnasio. Un personaje que casi parece nacido para el cine porque llena la pantalla.
Kid Vereje es una película que, pese a las limitaciones presupuestarias, se permite alguna ligereza y subrayados innecesarios (alguien dice libertad y el plano siguiente es una bandada de palomas volando) pero es indiscutible que la película tiene pegada. Y emociona y te hace viajar en el tiempo. En mi caso a una ciudad que es en la que nací y que apenas reconozco en la pantalla. Y no solo por la transformación urbana que ha cambiado el mapa de Santa Cruz en tan pocos años, sino sobre todo por cómo ha cambiado el carácter de sus vecinos.
Esta no es la historia de un boxeador sino la de un hombre que a base de golpes aprendió a vivir. Y es esa lección de vida, ese intento de presentar un retrato costumbrista tan personal y simple es lo que hace destacable Kid Vereje.
Saludos, konec, desde este lado del ordenador





