Feria del Libro de La Laguna, regreso al planeta de los simios

Octubre 14th, 2026

Finaliza la Feria del Libro de La Laguna, que con justicia ha terminado por convertirse en la Feria del Libro de Tenerife por volumen, número de invitados (aunque a la mayoría se los conozca en su casa) y asistencia de público, que no dejó de fluir del 8 al 12 de octubre, los días que duró este encuentro con la palabra, que dirían los cursis, y, en otros casos, de reencuentros (porque no fallan, si no que se lo pregunten a Damián Marrero Real, que este año presentaba, además, la reedición por la editorial Nectarina de su novela semibiográfica El cuarto mandamiento), que ya forman parte del paisaje y del paisanaje de una feria que crece edición tras edición, aunque debe corregir distorsiones y, sobre todo, ordenar lo que se despliega por la plaza del Cristo, ya que me dio la impresión de que casi todo estaba mal señalizado. Deberían cuidar, además, los sonidos entre carpa y carpa, porque en ocasiones se solapaban. Así lo escribe una señora en un comentario en Facebook, en el que se queja también de la escasa y «nula información de los eventos» y de la escasa comunicación de los lugares concretos en los que se celebrarían estos mismos encuentros.

A esta lista de reproches bienintencionados añadiría la exigencia a la organización de que, en las presentaciones de novedades —y lo viví en directo, y por eso lo escribo—, se informara al autor o autora de en qué caseta firmaría ejemplares de sus obras. Son errores que seguro se corregirán en próximas ediciones, cosa de la que estoy seguro que tomará nota si se conoce quién está al mando de un encuentro que comenzó siendo adolescente y que ha terminado por convertirse en todo un hombrecito.

En cuanto a los autores y autoras invitados de fuera, vamos a decir que estuvo bien, aunque la verdad es que no me interesan demasiado ni la obra de Manuel Vilas (a quien entiendo por lo que está atravesando ahora, ese camino a través del infierno que dijo alguien cuando tenía dos neuronas en la cabeza) ni la de José Ángel Mañas, que, tras Las noches del Kronen, no ha vuelto a acariciar el éxito. Hubo otros, claro, pero no los sigo, así que preferí encontrarme con los que habitualmente me encuentro en ambientes como estos. Se chismea, se echan unas risas y regresas a casa pensando que nada cambia para que todo siga igual. Es una sensación triste, pero uno se resigna porque la esperanza aún me mantiene.

Lo más interesante de la Feria no lo encontré, me pasa siempre, en las casetas de los libreros, donde la oferta de novedades es prácticamente la misma entre una y otra. Observas a los escritores y escritoras sentados en sus sillitas, esperando con la paciencia del santo Job que alguien les compre su libro, «por favó». Hay unos que venden de verdad porque son vendedores por naturaleza y otros que no se comen un rosco porque son incapaces de vender su obra a quienes se acercan a curiosear. Si fuera escritor, pertenecería a este último grupo.

Como en toda feria del libro que se celebra en Tenerife, no podían faltar firmas que ya forman parte de la misma Feria. Ahí estaba el escritor con casco obrero. Un personaje, porque ya es un personaje de la propia Feria, que ficharía para que se convirtiera en una de sus marcas. En una de las marcas de una feria donde se cruzan demasiadas cosas. Tantas que el pasado lunes me dio la sensación de que estaba dentro de una discoteca al elevar la voz cuando me encontraba con unos conocidos. Del cielo caían cuatro gotas, pero eso no amilanó al público, que desde primeras horas de la mañana andaba olisqueando por aquí y por allá…

Lo más atractivo de la Feria no lo encontré en las casetas de los libreros, sino en la de los editores. Estaba la del Gremio de Editores de Canarias (GRECA) y el Cabildo de Tenerife instaló una, lo que forzó a reducir su lista de invitados de fuera. La caseta era la de la Librería del Cabildo, esa misma que está al lado de un teatro en ruinas y que me hizo pensar en lo que pudo haber sido la Feria y la Librería en una realidad alternativa y muy utópica.

En fin. En un vídeo, alguien dice que la Feria del Libro podría convertirse en la Feria del Libro de Canarias, pero creo que esa conclusión está dictada más por la euforia del momento que por la cabeza, porque ese personaje se había autoexiliado de este territorio hace ya unos años.

El caso es que es verdad que la capital grancanaria lleva un tiempo sin su Feria del Libro, lo que me hace pensar que deberían hacer algo porque se postula como Capital Europea de la Cultura en 2031. Pero no sé yo. En cuanto a que la de La Laguna cambiara a regional, ¿vendría gente de otras islas a esa feria? ¿Dónde se ubicaría? La plaza del Cristo se queda muy, muy chica. De hecho, ya lo es.

Si esa idea tontuna siguiera su curso, propondría que cada año se celebrara en una isla distinta para que no se reprodujera el pleito que ahí está casi siempre asomando la cabeza. Pero, si en el peor de los escenarios se hiciera realidad, no creo que lo viéramos ninguno de los que ahora estamos presentes. Y es que, en un archipiélago dividido en dos provincias y con dos universidades, me parece muy difícil que se tienda a la unidad. En todo caso, sí a que se hagan las cosas por partida doble. En Cita con Rama, una novela de Arthur C. Clarke que ha sido malamente imitada, se dice que los ramaneses lo hacen todo por triplicado. En Canarias lo hacemos salomónicamente a la mita o en dos tandas.

Me cuentan que alguien leyó un comunicado solidario en favor de Maricarmen, la inquilina desahuciada de Madrid, fallecida hace unos pocos días, pero que no se escuchó bien por aquello del sonido que se solapa con otro sonido. Sea lo que fuere, reconozco, con el corazón en la mano, ese gesto. Como también reconozco que este año la organización tomara nota y que las alfombras de imitación a césped, aunque también hubo otras escarlatas, no emanaran el pestífero olor a pis de gato que, varias ediciones atrás, estuvo a punto de llevarme al otro barrio. Así que ya no huelen, lo que es una muy buena noticia.

El éxito de la Feria, porque que quede claro: fue un éxito de público, tanto que no se amilanó ante la lluvia, es obra de Mario Silva, un gestor cultural todoterreno. En fútbol lo llamarían crack. Su equipo y él son los responsables de ordenar este caos aparente. Caos porque hay una mezcla de un poco de todo y se circula por un ambiente festivo que incluyó en su decorado una cama dentro de un contenedor y otros elementos inocentemente desacralizadores, que ocupaban un espacio que cada año obliga a las casetas de libreros y editores a estar más apretadas en sus zonas. Sus zonas de interés.

El Cabildo de Tenerife lleva desde hace unos años respaldando a la Feria, y en esta edición lo hizo con una caseta y un programa pirulito, más que pirulón. Hubo lecturas, eso me cuentan, y se pueden ver en sus redes sociales. No se cansaron de subir fotografías del consejero José Carlos Acha, cada día más viejo, como todos nosotros, aunque en su caso se nota por el pelo a lo Madelman que lleva encima de la cabeza, antaño moreno azabache y hoy de un feísimo gris ceniza.

El consejero, a quien se conoce familiarmente como Pepón, vino a la Feria para sacarse fotos, pero en esto de las fotos le ganó por goleada en gracia y tronío Damián Marrero Real. Tanto es así que la Feria del Libro de La Laguna sería otra sin Damián sacándose fotos con todo el mundo. Lo hace de corazón, mientras que Acha lo hace para salir en la afoto y ganar un crédoto político que, a mi juicio, lo perdió hace años. El caso es que tiene que salir en todas las afotos no sé muy bien la razón- Pero hay una notable diferencia entre el entusiasmo de Damián Marrero, un rojo de los de antes, y José Carlos Acha, que primero militó en CC y hoy en el PP. Y ahí, entre otras, está el gesto, la notable diferencia.

En un rápido sondeo, estimo que entre los libros más vendidos este año se encontró Pajaritos preñados, de Andrea Abreu, quien generó una de las colas más largas y nutridas en el stand donde estuvo para firmar ejemplares. Y es que esta mujer ha hecho historia. Lo raro fue no tropezarme con una foto de Acha junto a la autora de Panza de burro. Pero Andrea Abreu es una mujer inteligente que se encuentra, además, en las antípodas del cacao mental en el que vive inmerso el consejero, de cabellera gris ceniza y con una curva de la felicidad cada día más pronunciada.

Al que no vi, y no aparece —y, si aparece, aparece muy poco en las redes sociales del Cabildo de Tenerife—, fue al director de Cultura, Conrado Álvarez Fariña. Personaje que ni siquiera asoma la cabeza en ruedas de prensa porque a Acha le gusta más salir en la afoto que a mí leerme la obra completa de Graham Greene, y mira que me gusta Graham Greene. Tampoco vi a ningún representante de Cultura del Gobierno de Canarias con pedigrí, pero sí al alcalde de La Laguna, Luis Yeray Gutiérrez, que debería adoptar entre sus prioridades recuperar la ciudad para la cultura y convertirla en referente para la isla y, si me apuran, para el archipiélago (con o sin hipotéticas ferias regionales). Aguere lo hizo en el pasado, ¿por qué no ahora?

Y poco más. Fueron días de una feria chiripitifláutica, aunque faltaron los zancudos y Gorgorito.

La visité en mañanas pluviosas, muy laguneras, aunque, de vuelta a casa, estaba vacío de emociones y frío como una merluza en el congelador. Mucha gente, sí. Y cambios en el paisanaje, y un escenario fantástico, y mucha gente paseando arriba y abajo y abajo y arriba, pero no me contagió de emoción, sino que me llenó de tristeza. Pero esa es otra historia. Lo más probable es que me esté haciendo viejo.

Como todos.

Saludos, café, desde este lado del ordenador.

Benigno, de David Baute, se estrena el 27 de noviembre en Tenerife

Octubre 9th, 2026

Benigno (en la imagen) es el título de la nueva película de David Baute, filme que está previsto se estrene el 27 de noviembre en TEA Tenerife Espacio de las Artes. Se están cerrando otros pases en ciudades de Tenerife y en Lanzarote, Gran Canaria y La Palma.

El documental se moverá también por la Península en ciudades como Madrid, Barcelona, Bilbao y Sevilla. El cineasta, ganador de un Goya por Mariposas negras, tiene muchas ganas de presentarla porque “es una historia que está muy vinculada a nuestro territorio y de alguna manera a nuestras singularidades”. Benigno, explica Baute, es una película muy pausada, “de respirar el ambiente cotidiano de una persona mayor en su entorno rural. Creo que es una película que hemos tratado de trabajar desde lo cinematográfico de una manera muy cuidada y en esta ocasión no tanto por mí, sino por la suerte de contar como director de fotografía con Mauro Herce, que fue el director de fotografía de Sirat y Goya a la Mejor Fotografía 2025 así como de rodearme de un equipo increíble”, dice el cineasta, que filmó esta película en Súper 8 mm, una experiencia “bonita pero muy complicada ya que tuvimos que grabar en películas que no duran más de dos minutos”. Con todo, “estamos muy contentos de haber podido desarrollar esta película en un formato que se vincula con el hogar, con lo más cercano y cotidiano”.

Saludos, quedan avisados, desde este lado del ordenador

Antilyra, nueva revista canaria de creación

Octubre 7th, 2026

Puesta bajo la advocación de la antilira, el concepto acuñado por  el crítico brasileño Luiz Costa Lima para hacer referencia a la poesía vanguardista de Carlos Drumond de Andrade o João Cabral de Melo Neto, acaba de nacer en Tenerife, bajo la dirección de Francisco León —gran animador de revistas literarias a lo largo de décadas (Paradiso, Vulcane, Can Mayor, Piedra y Cielo o Nesoi)— una nueva revista de creación, que lleva como lema «Poesía y resistencia». La Antylira insular recoge, así, en un formato modesto —apenas cincuenta páginas en DinA5— las poéticas de la modernidad, no solo vigente según el criterio de la revista, sino más necesario que nunca. La idea de un sistema creativo capaz de abordar, frente al narcisismo que busca el mero beneplácito colectivo, la dimensión órfica de la palabra poética, esto es, el abordaje del gran misterio, la presunción de un racionalismo de lo sagrado frente a la emocionalidad de un yo espectacularizado.

Forman en el comité editor de la publicación, junto a su director, algunos calaboradores habituales en este tipo de iniciativas: Jordi Doce, Régulo Hernández, Alejandro Krawietz y Luis Lenz. En este primer número, que no aclara su periodicidad y que cuenta con la colaboración de JFT Comunicación, el lector podrá encontrar un texto programático, «Aventurarse con Orfeo», redactado por su director, en el que León se pregunta por la existencia en la actualidad de un lector para la poesía. Sigue, en ello, una reflexión de Paul Valéry que en sus Cuadernos afirmaba que «La obra maestra se debe a los lectores, a la calidad del lector».

Siguen poemas del último de los herméticos italianos, Piero Bigongiari y un ensayo de Lucia Bonanni sobre el maestro pisano, algunas de las «Prosas visionarias» del Viejo José Mosegue, los poemas de Juan Andrés García Román y la entrada «Maldición» del glosario insular La isla y sus formas imaginarias de Alejandro Krawietz. Completan el número una carta de Andrés Sánchez Robayna a Alfonso Alegre Heitzmann, escrita en 1987, sobre la aparición de la revista Rosa Cúbica y una pequeña reseña biográfica del artista plástico Siro Cugusi, autor del dibujo de cubierta. Más información: antilyrapoesiayresistencia@gmail.com

Pajaritos preñados, una novela de Andrea Abreu

Octubre 6th, 2026

No recuerdo un caso igual al de Andrea Abreu en las letras canarias. Se escribe por el revuelo que ha provocado la publicación de su segunda novela Pajaritos preñados. El caso es que más que Pajaritos preñados se puede escribir sin que a uno le tiemble la mano que Andrea Abreu revalida su derecho a ocupar un espacio como escritora tras varios años de silencio con la publicación de Panza de burro, aquella novela que la puso a jugar de la noche a la mañana en las grandes ligas, ligas a las que ahora regresa arropada por un espectacular lanzamiento editorial.

Pajaritos preñados respeta más o menos el mismo escenario de Panza de burro y una protagonista, de nombre Cathaysa, que vive el final de su adolescencia en un barrio donde sus habitantes están acostumbrados a olisquear lo que hacen sus vecinos.

Como personajes secundarios rodean a la ¿heroína de esta historia? Su padre, El Tiznado, al que ama con locura aunque éste se haya convertido en un indigente porque tiene demasiados pajaritos preñados en la cabeza; su madre, Engracia, que lo mismo podía haberse llamado Desgracia; sus amigas La Macha (que está perdidamente enamorada de Cathaysa), Chaxiraxi,su tío Aurelio (muy secundario pero todo un personaje); el Higo Pico y El Churrero, dos jóvenes que se disputan el corazón de la protagonista en un libro de casi quinientas páginas que Abreu estructura en cinco partes.

La novela tiene un comienzo magnífico, de esos que lleva camino de convertirse en referentes. La historia comienza con un “¡Buenas, mi gente!”, que ubica al lector en un verbena de barrio que la escritora tinerfeña describe con notabilísimo pulso narrativo, y en la que con una prosa barroca y repleta de canarismos y argot de la zona, que la acercan más a América que a la España peninsular, contagia de ese aire festivo con característico olor a carne de cochino una historia a la que amenazan tormentas que asaltan a un lector primero desconcertado y más tarde totalmente entregado a la que, probablemente, sea la novela canaria más canaria que he leído hasta la fecha, y créanme que son ya unas cuantas. Pensé de hecho mientras me dejaba arrastrar bajo ese influjo que si a un lector de la isla como es el caso a veces le cuesta descifrar muchas de las expresiones y palabras que se dispersan por el texto, no quiero pensar en el trabajo que hará un lector no nacido en estos peñascos fijados a este lado del Atlántico.

Considero que solo por ello, Andrea Abreu vuelve a ser historia. Ya la hizo en su día con Panza de burro pero ahora la hace también con una novela muy canaria que publica una editorial peninsular. O goda, sin ánimo de ofender. Y este logro, que haya sido capaz de regresar al universo literario español con un libro que respira campo y lava, deseo y represión, que se desarrolla entre plataneras, huertas de papas, casitas aisladas unas de otras en un barrio de una localidad del norte de Tenerife, con verbenas en las que orquestas de nombres imposibles tocan ballenatos, salsa y pachanga aunque comience a influenciarlas el “nuevo sonido gomero”, hace que mi asombro suba enteros y que me meta en una historia que digiero mientras paso las páginas de un libro que está llamado a ser un clásico en las letras canarias, tan desmemoriadas ellas, y que Abreu sabe conducir con estilo a medida que se lee sin salir de la sorpresa aunque en su último tramo –apenas cien páginas para concluir esta especie de relato de iniciación, del abrupto y siempre doloroso tránsito de la adolescencia a la juventud– pierda fuelle y lo que es peor, el ritmo comience a resultar cansino.

Pero hasta ese momento, no cambiaría nada porque no deja uno de asombrarse de lo que ha conseguido esta escritora canaria, tinerfeña, con un libro que parece desafiar no solo a las compañeras/os de su generación sino a esa larga y bastante desconectada tradición literaria canaria en cuya historia (ya lo hizo también con Panza de burro) Andrea Abreu ocupa un relevante capítulo.

Y todo eso sin caer en la trampa de los géneros, Pajaritos preñados se inspira en una realidad que los que vivimos en ciudades apenas conocemos pero que está ahí. Y saber que está ahí es otro de los grandes logros de una novela que la Academia Canaria de la Lengua debería de respaldar por el enorme trabajo que hace en favor de cómo hablamos a este lado del Atlántico. Una labor que suma en firmar la primera gran novela canaria de éste y de otros tiempos por venir. Es como si literariamente hubiera ya recorrido los suficientes kilómetros para dejar atrás a todos los que vanamente la persiguen.

Pajaritos preñados no es una novela redonda, de esas que cuando la terminas hasta te da pena de haberla concluido. No. Personalmente, me hubiera ahorrado las últimas cien páginas aunque entiendo que están para dar algo de grandeza a una historia de personajes corrientes. Me quedo con ganas de saber más cosas de El Tiznado y de ese viaje al sur que emprende la protagonista mientras desliza críticas a la fiebre por el cemento que hubo en Canarias hace unos años y la influencia de un pasado que representan “los guanchitos”, los primeros pobladores de unas islas cuya sociedad necesita de más, de muchos más, pajaritos preñados.

Saludos, nubes oscuras, desde este lado del ordenador

Alonso Cueto: “El pecado original de la sociedad peruana es el racismo y la discriminación”

Octubre 5th, 2026

Esta es la tercera entrevista que le planteo al escritor Alonso Cueto (Lima, 1954), y la primera en la que por razón de las distancias se hace con un cuestionario que tuvo la amabilidad de contestar unos pocos días antes de que participara en el Festival Hispanoamericano de Literaturas, que se desarrolló la semana pasada en Los Llanos de Aridane (La Palma) y que este año contó como país invitado con Perú.

Escritor y periodista, Alonso Cueto es autor de novelas y ensayos, entre los que se encuentran títulos como Francisca. Princesa del Perú (2023); La Perricholi. Reina de Lima (2019) y La hora azul (2005), que quizá se trate de su libro más conocido y que dio origen a una película del mismo título.

- Presenta estos días Memorias de una limeña, una novela en la que una mujer decide escribir su vida para descubrir que la memoria nunca reproduce el pasado: lo reinventa. ¿Reinventa?, ¿para qué sirve la memoria entonces?

“Siempre me ha interesado el papel que el recuerdo tiene en nuestras vidas. En su origen la palabra “recuerdo” viene del uso de la raíz “corde” que se refiere al corazón pero también a la inteligencia. “cordura” tiene el mismo origen. En ese sentido el recuerdo significa volver a pasar las experiencias pasadas por el corazón pero también por la inteligencia. Es un ejercicio de fidelidad pero también de invención. Es por eso que la diosa de la memoria, Mnemòsine, es la madre de las musas, es decir de la creatividad”.

- Entre sus últimas novelas se encuentran varios títulos de género histórico cuyas protagonistas son mujeres también. ¿Qué atractivos tiene para usted los personajes femeninos?

“Las mujeres me interesan como personajes porque creo que en general, tienen un sentido de las relaciones humanas más intensa y compleja. Los hombres, en general, estamos más encerrados en nosotros mismos. Es por eso que las mujeres son buenas profesoras, buenas periodistas y buenas trabajadoras en empresas. Hace unos años, dije esto en una entrevista radial donde había un periodista hombre y una mujer. El hombre me dijo que eso no era cierto porque los soldados en la guerra luchaban por sus compañeros. Ante eso, la periodista acotó que las mujeres son las únicas que se acuerdan de los aniversarios y de los cumpleaños, acotó la periodista. Me he dado cuenta de que soy un escritor feminista, algo que no sabía. Veo que mis mujeres son independientes, emprendedoras y también profundamente emotivas. Son capaces de hacer un viaje con tal de seguir a un hombre, tal como lo hace la protagonista de Memorias de una Limeña”.

- ¿Y cuál es la razón que algunas de estas novelas se ambienten en el Virreinato del Perú?, ¿cómo definiría el Virreinato del Perú?, ¿qué destacaría de su historia y cuál piensa que fue el papel de la mujer en este periodo de la historia?

“En el Virreynato y en todas las épocas, las mujeres han sido silenciadas y reprimidas. Eso ha hecho precisamente que su mundo interior sea tan complejo y vasto. Las mujeres que me han interesado, es decir la Perricholi y Francisca Pizarro cumplieron un papel muy importante en su fuero privado. Una logró que el virrey del Perú, el estricto y disciplinario Manuel Amart, se tendiera a sus pies. Francisca por su lado fue una de las mujeres mas ricas de su tiempo. Nació atravesada por la historia, siendo hija del conquistador del Perú y de la hermana del último inca. Toda su vida se dedicó a administrar esa identidad en una serie infinita de aventuras en el Perú y en España”.

- Cuenta además con varias novelas que se desarrollan en su país en los 80 y 90, los tiempos del terrorismo de Sendero Luminoso y del oscuro gobierno de Fujimori y su mano derecha Vladimir Montesinos, ¿hasta que punto estos momentos de la historia de su país han condicionado su literatura?

“El Perú es un paraíso para los escritores porque es un escenario de personajes siniestros y violentos, que actúan a la sombra de sus designios. El personaje de Montesinos me fascinó desde un comienzo porque era un tipo que se sentía predestinado a poseer el mundo. En uno de sus sueños infantiles, Montesinos soñaba que el mundo era una manzana y que él se la comía. Trató de realizar ese sueño toda su vida. Su consigna era que el ser humano está esencialmente corrompido y que solo hace falta administrar esa perversión para sus fines”.

- ¿Qué recuerda de aquellos años y de qué manera cree que afectó a la sociedad y a la cultura de su país?

“Arguedas definió al Perú como el país de todas las sangres. Todas las etnias del mundo confluyen en nuestra nación. Las inmigraciones europeas, africanas y asiáticas se confundieron con una gran riqueza indígena precolombina. Eso produjo una sociedad llena de contrastes y de racismo y discriminación. Este es el paraíso para un escritor que se alimenta siempre de conflictos y contrastes. Nadie imagina una novela escrita sobre una sociedad armónica, donde todos se llevan bien y respetan las reglas. La violencia del Perú está inscrita en su esencia histórica y cultural”.

- De El tigre blanco a Memorias de una limeña ¿qué ha cambiando y qué continúa igual en sus producción literaria?

“Siempre me ha interesado un asunto esencial. Qué es lo que hace que los seres humanos sigan con sus vidas aún cuando todo está en contra de ellos. Me ha interesado contar las historias de personajes en estados extremos, cuando no pueden echar mano de ninguna ideología o doctrina. Este instinto de fe en la vida es un misterio que quisiera explorar en mis historias”.

- ¿Cómo se plantea las historias, qué hace que una historia termine convirtiéndose en una novela para Alonso Cueto?

“Siempre parto de una escena que creo que siembra una serie de preguntas. Una novela es una casa que necesita de unos cimientos firmes que nos estimulen a seguir recorriéndole. Es lo que percibo en las novelas que me gustan más. ¿Qué va a pasar cuando el Quijote salga a cabalgar? ¿Realmente Ambrosio actuó solo cuando mató a la Musa? ¿El capitán Ahab acaso encontrará a la ballena?”

- ¿Que motivó su aproximación a la literatura y cuáles fueron sus primeras lectura?

“Cuando perdí a mi padre, a los catorce años, descubrí la poesía de Vallejo. Por entonces todos me decían frases banales como “Te acompaño en el sentimiento” o “Mi más sentido pésame”. Sin embargo, las palabras que realmente me acompañaban eran las de los poemas de Vallejo. En ellas estaba graficado un mundo a la deriva, “como un dado roído y ya redondo a fuerza de rodar a la ventura”, como dice en Los Dados Eternos. Fue entonces cuando descubrí para siempre el poder de la literatura para encontrar una permanencia en medio de la fugacidad de la vida”.

- Detecto en su literatura cierta preocupación por indagar en el mal y en la venganza. ¿La venganza es un instrumento del mal o una manera poco ortodoxa de hacer justicia según quien la aplique?

“Si, siempre me ha interesado la venganza como un modo de luchar contra las consignas del tiempo. Es una manera que tienen los seres humanos de rebelarse frente al destino”.

- ¿Qué temas piensa que son constantes en sus historias?

“Creo que el poder que tiene el pasado en nuestras vidas y en el modo como podemos manejarlo. Por eso es que mi primer libro se llamó La batalla del pasado”.

- Ha tanteado varios géneros, entre otros, el negro y criminal. Sin embargo, no es usted un escritor de género. ¿Qué le interesa de los géneros?, ¿en cuál de ellos se siente más cómodo y cómo hace para que en sus historias los géneros literarios pasen a un discreto segundo plano?

“No creo en los géneros. Creo que las novelas siempre incluyen más de un género. Las historias de amor se confunden con las policiales y las novelas existenciales con las de aventuras. En realidad, me interesa contar historias. Es lo más difícil de lograr. Una novela tiene que ser una exploración en las identidades de los personajes pero también debe ser entretenida. El entrenamiento es una virtud olvidada para muchos. En el siglo XIX hubiera sido imposible concebir una novela que no fuera entretenida. Pero por desgracia en el siglo XX el aburrimiento ganó prestigio. Muchas veces se descalifica a una novela porque tiene el “defecto” de ser entretenida”.

- Algunas de sus novelas son muy críticas contra el clasismo y el racismo que, pese a los avances realizados, todavía continúan vigentes en Perú. ¿Sigue planteándose preguntas en torno a estos temas?

“Si, creo que el pecado original de la sociedad peruana es el racismo y la discriminación. Es una consecuencia y una causa de la violencia que está inscrita en el sistema de la sociedad”.

- Tras el realismo mágico, la literatura en América se ha ubicado en el polo opuesto al intentar reflejar su realidad actual. ¿Por qué cree que se produce esta transformación?

“Creo que el realismo mágico también puede servir para reflejar la realidad, al menos en manos de maestros como Carpentier o García Márquez. En el caso del Perú, es un país tan influido por su historia, que hemos producido una literatura mas bien realista”.

- ¿Y a qué elementos les da prioridad en su literatura?, ¿la forma, el estilo, el argumento, los personajes?

“Me parece que la literatura es cuestión de forma. Ninguna otra virtud cuenta para un gran libro”.

- Ha dicho que todo escritor es esquizofrénico, ¿esquizofrénico?

“Si, porque un escritor tiene que identificarse con varias personalidades, en vista de que debe meterse en la cabeza de muchos personajes y lograr que todos sean creíbles”.

- Es miembro de la Academia Peruana de la Lengua, ¿podría hablarnos del trabajo que realizan?

“Creo que la Academia de la Lengua es una institución subversiva. Le interesa proteger la importancia del lenguaje verbal, lo que en estos tiempos es una declaratoria de guerra”.

- ¿Continúa siendo la sombra de Mario Vargas Llosa demasiado alargada en las literaturas que se escriben en Perú?

“Es una figura estimulante y generosa que nos influye a todos”.

- ¿Qué momento están viviendo las literaturas que se escriben en Perú?, ¿qué tipo de libros cree que son los que demanda la sociedad peruana?

“No lo puedo saber. Pero creo que en realidad estamos interesándonos cada vez más por nuestra historia”.

- ¿Qué autores/as le influenciaron? En cierta ocasión me dijo que Henry James pero imagino que habrá otros muchos, ¿por qué?

“Si hay un autor por el que he estado dispuesto a discutir con alguien, e incluso a romper una amistad alguna vez, es Henry James. No soporto que alguien me diga que es moroso o aburrido. Mis amigos saben que deben andarse con cuidado cuando hablan de él. Pero Flaubert, Borges, Victor Hugo, son otras figuras venerables”.

- Cultiva la narrativa, el ensayo, los artículos, pero no la poesía por lo que he indagado. ¿Qué temas son los que le gusta reflexionar en el ensayo?

“En el ensayo me interesa sobre todo tratar de desentrañar los misterios en una gran novela. Es difícil entender el milagro que produce un gran relato”.

FIRMA FOTO: © Luis Rodríguez.

Saludos, día con muchas sorpresas, desde este lado del ordenador

La película canaria de Gonzalo Suárez

Octubre 1st, 2026

Me he tomado la molestia de leer los obituarios sobre el deceso hace apenas unos pocos días del escritor y cineasta Gonzalo Suárez, y me llama la atención, aunque no sea el caso, pero sí que cierta sospecha, que prácticamente en ninguna de las informaciones se recuerde un trabajo que vinculó al Gonzalo Suárez director de cine con Canarias. Se trató del documental Tindaya-Chillida: un proceso de creación (1997). La película sí se rodó pero el proyecto artístico se paralizó al estar rodeado por la polémica. Polémica porque muchos majoreros y ecologistas elevaron la voz a los cielos para impedir que aquella obra se hiciera realidad.

Al final, la historia le dio la razón a los que se negaron vivamente a que la montaña de Tindaya fuera horadada por dentro tal y como quería Chillida con el apoyo del Gobierno canario, ya que, además de ser una montaña mágica para los antiguos majos, sigue al parecer conservando esa seña de identidad pasado el tiempo.

No voy a entrar en consideraciones de si Fuerteventura, Canarias en general, perdió una oportunidad de acoger esta instalación artística, pero sí la pregunta que tuve la ocasión de plantearle a Gonzalo Suárez en una Feria del Libro celebrada en Santa Cruz de Tenerife en aquellos ya lejanos tiempos en los que la Feria del Libro se molestaba en traer escritores de verdad. El caso es que no supo responder, aunque alguien del equipo aprovechó para despistar y que la pregunta quedara en el aire por innecesaria, que probablemente lo fuera. Iba sobre la paralización del complejo y la realización de un documental que el Gobierno de Canarias apoyó. Hay un interesante reportaje sobre el caso en el programa Metrópolis y hoy se puede recuperar la película completa en la página web de RTVE.

En este trabajo, Gonzalo Suárez actuó más como un artesano que como un cineasta. Hizo su cometido, rodar una película que vende el proyecto que Chillida quiso hacer en Tindaya.

Esta fue la primera y la última vez que vi a Gonzalo Suárez. No fue, como sí lo son otros compañeros de generación, uno de mis referentes, pero sí recuerdo que en casa de mis padres circulaba un ejemplar de Operación Doble Dos, novela que no llegué a leer. Entre sus películas rebobino y aparecen Epílogo y Remando al viento, que me sigue pareciendo infinitamente mejor que la estrafalaria Gothic de Ken Russell (las dos tratan el mismo asunto).

Mi simpatía por él va más allá de los literario y cinematográfico.

Gonzalo Suárez fue amigo, amigo íntimo, de uno de los directores de cine norteamericanos más interesantes, pero también más autodestructivos de la historia, como fue Sam Peckinpah, quien llamaba cariñosamente al español: “mi perro hermano indio”.

“Mi perro hermano indio”: No se me mete en la cabeza que estos dos fueran tan amigos, pero imaginarlos juntos tuvo que haber sido una fiesta.

Veo a los dos perros hermanos indios ladrando a la luna. Y a un tercero que, de momento, lo hace entre bastidores.

Saludos, se dijo, desde este lado del ordenador