Solo seis, una historieta comprometida
Julio 6th, 2026Para un país tan esmirriado como es el canario que un guionista y dibujante de cómics (tebeos, colorines, chistes…) como Eduardo González publique parte de su trabajo hay que tomárselo casi como un milagro. Es verdad que lo que fabula en forma de historieta apenas sale de la isla y con un poquito de suerte del archipiélago, pero es que Eduardo publica en un sello independiente que por otro lado está desarrollando un elogiable trabajo en favor de los cómics y que ha volcado en nuestro dibujante y guionista los esfuerzos para dar a conocer una obra que se caracteriza por su oficio y sobre todo porque deja la impronta de una poderosa personalidad detrás de cada viñeta que le ayuda a construir una historia.
Eduardo González es un autor que mastica y digiere tanto trabajos propios como ajenos. A él le debemos las pulcras adaptaciones al cómic de libros señalados de la literatura canaria como Mararía y La lapa, de Rafael Arozarena y José Betancor bajo el nombre de Ángel Guerra, respectivamente, también trabajos de creación como Dentro de la noche, entre otros. En Solo seis. La historia de Salimata Sangare, traduce en imágenes una de las piezas que Juan Manuel Pardellas incluyó en su día en Héroes de ébano. Pardellas es el autor además del prólogo de la novela gráfica que firma Eduardo, novela gráfica en la que el dibujante y guionista tinerfeño además de ilustrar el relato lo interpreta con el uso del blanco y negro, grises y del rojo como colores absolutos con los que retratar esta tragedia, fruto de la inmigración, fenómeno o problema según unos y otros muy de actualidad en Canarias.
En este sentido, si la mirada de Pardellas en el libro fue la de contar casos aislados de entre los muchos que llegan a las islas para que empaticemos con una realidad que parece que no quieren aceptar en Madrid, Eduardo centra su atención en los personajes y a través de una interesante planificación acercar al lector a ese otro universo de vida que es el que navega en patera a Canarias. Para ello, y como dibujante, Solo seis (el título es muy indicativo ya que solo seis fueron los que llegaron a la isla a bordo de una endeble embarcación) es un cómic que despierta conciencias que probablemente permanecieran dormidas y manifiesta el talento que tiene el guionista y dibujante para recoger en viñetas la realidad de una realidad que no termina de encontrar una solución.
Eduardo González consigue en su ejecución técnica mostrar las verdades y mentiras que rodean todo este rompecabezas que forman como piezas hombres y mujeres. Hombres y mujeres que son capaces de desafiar al destino y lanzarse al océano con lo puesto y una sola idea en la cabeza: llegar a Europa con la esperanza de encontrar trabajo y enviar dinero a los suyos. Que sean muy pocos los que consiguen cumplir este sueño es otra historia, pero en esta novela gráfica el autor de Dentro de la noche sí que consigue emocionar y que el lector se identifique con el protagonista mientras vive con él los peligros que padeció en la mar.
Este es el relato de una de esas pateras que se quedaron a la deriva durante días cuando los patrones abandonaron a su suerte a todo los pasajeros en el Atlántico. Pasajeros, es importante apuntarlo, que desconocían los caprichos del mar y el arte de la navegación. En la historieta y de forma paralela, se narra la respuesta española al tener noticia del suceso. Cómo se moviliza para rescatar esa embarcación que se encuentra a la deriva, momentos que son reflejados por el dibujante con trazos enérgicos pese a su aparente sencillez, una de las características del estilo de Eduardo González, así como la de comprimir lo complejo y transformarlo en algo accesible, que llegue a todos los públicos con independencia de la edad.
Otra de las características del artista es su sentido del color, en esta historieta negros, blancos, grises y rojos, con los que transmite no solo lo que sienten los personajes sino también la agresividad, siempre contenida, que encierra en cada viñeta.
Se trata de un álbum con un corte muy cinematográfico que casi parece resultado de un story board muy mejorado. Debe ser además una de las primeras historietas que se dibujan y escriben en las islas en la que los inmigrantes son los protagonistas. Que sea a través de ellos como se cuente una historia que está preñada de tragedia, de esperanzas frustradas que se quedaron rotas en el fondo del mar. Historias en las que el africano se revela como lo que es: un ser humano que busca vivir. Y es tanto ese anhelo, que es capaz de lanzarse al océano para cumplirlo. Por desgracia, y en esta novela gráfica, solo seis lo consiguieron. Otra cosa es lo que vino después, que ya instalados en la tierra prometida el sueño se hiciera realidad.
Esta no es las primera novela gráfica de “encargo” que asume Eduardo González porque Mararía y La Lapa también lo fueron, como lo fueron Solución pilates, con guion de Santiago Suárez y La pistola que Millán Astray regaló a mi abuelo, que firma Francisco Pomares y que dio resultado a un interesante tebeo en el que la memoria familiar desempeña un importante papel dentro de la misma historia.
Saludos, lo que han leído, desde este lado del ordenador











