Sigue el viento libre, una novela de Leigh Brackett
Enero 26th, 2026“El mundo de los blancos se alejó, pero no desapareció del todo. No era posible. Ya estaba demasiado presente en el mundo de los indios. Jim seguía necesitando pólvora y munición, aunque hubiera podido prescindir de todo lo demás, y lo mismo ocurría con el resto de absarokas, y solo había una manera de conseguirlo. Cuando no estaban en batallas, haciéndose un nombre en las filas de los caballeros crows, Jim ponía trampas de castores en compañía de Oso Joven y cualquier otro al que pudiera convencer. Tenían trampas, pero las pieles de búfalo también eran valiosas y preferían cazar, Tenían también un lugar donde comerciar”.
Sigue el viento libre, Leigh Brackett. Traducción: Marta Lila, colección: Frontera, editorial Valdemar
Los cinéfilos reconocerán el nombre de Leigh Brackett por ser la guionista de algunas de las mejores películas de un cineasta que no rodó jamás malas películas como fue Howard Hawks. Estos largometrajes son Río Bravo y El sueño eterno, entre otras. Brackett es también conocida por cultivar el género fantástico en su versión space opera con una serie de novelas –tres de las cuales pertenecen a la trilogía Skhait– que convencieron a George Lucas para que la contratara para escribir el guion de la segunda entrega de La guerra de las galaxias, El imperio contraataca, la mejor de las nueve que forman parte del colosal fresco galáctico ideado por Lucas.
El caso es que Leigh Brackett es una escritora que se especializó en literatura popular, practicando con soltura géneros diversos como el negro, la ciencia ficción y la fantasía sin olvidar, claro está, el western, del que es autora de una novela que a mi me parece grandiosa aunque suscita toda clase de debates entre los aficionados como es Sigue el viento libre, que publicó en español la editorial Valdemar en su colección Frontera, dedicada a la literatura del oeste, en la que ha publicado un puñado de clásicos entre los que se encuentran títulos como Centauros del desierto e Indian Country, así como antologías de cuentos como El árbol del ahorcado y Shane, libros que demuestran con creces que el género western cuenta con obras notables, lo que explica que tantas y tantas películas que se inspiraron en estas historias hayan pasado a la historia del cine aunque su original literario al menos en países como España no sea tan celebrado al pasar tan de puntillas salvo en los últimos años y sobre todo a raíz de la aparición de la colección Frontera en Valdemar, que es la que contagió la fiebre por este tipo de historias que al menos en España siempre se creyó que eran territorio de las novelas de a duro o de kiosco.
La colección Frontera cuenta con títulos y autores de elevado pedigrí. Se trata además de libros muy cuidados en su presentación, que incorporan prólogos que son más bien estudios que se ocupan del autor y de la novela que se presenta, con traducciones que transportan al lector a las desértica planicies de Monument Valley o a las escarpadas regiones boscosas de los Estados Unidos.
Sigue el viento libre es la biografía novelada de un trampero que existió en realidad y que respondía al nombre James Beckwourth. Hijo de madre negra y padre blanco, su condición de hombre libre no le ahorró que sufriera el desprecio de muchos de sus iguales por el color de la piel, lo que puede explicar que esta maravillosa historia basada en rigurosos hechos reales, no haya terminado convirtiéndose en una película.
La novela comienza cuando el protagonista acaba de formar parte de una expedición que busca castores para hacerse con su piel, pero tras un ataque de los indios, Beckwourth terminará formando parte de la tribu de los crow en la que se convertirá en jefe guerrero. Leigh Brackett se inspiró para escribir esta biografía en los artículos que un periodista escribió sobre James Beckwourth, así que la novela se ajusta bastante a lo que el protagonista le contó al plumilla en un hotel de Sierra Nevada, California, que fue donde se encontraron. Que Sigue el viento libre haya recibido alguna crítica se debe precisamente por la reconstrucción literaria que plantea la escritora sobre del personaje, en especial en el tramo final de la novela, donde quizá la autora abuse de las elipsis para explicar cómo se suceden los años, pero eso no quita vigor a la excelente primera y segunda parte de un relato que ya no solo es de formación y aprendizaje, sino también de madurez. Sorprende, además, la humanidad con la que están descritas las distintas tribus indias que aparecen en el relato, en especial la de los crow que es la que adopta a James Beckwourth. Se trata de un retrato honesto, en el que no tienen cabida los enfrentamientos ni las rivalidades.
La novela se lee con fluidez, casi como si de una película se tratara, porque el estilo de Brackett es sencillo, en ocasiones hasta seco, que trufa con diálogos que parecen de verdad. La ambientación y la pintura de personajes es otro de los hallazgos de una novela en la que su protagonista no es presentado como un héroe sino como un hombre de aquellos tiempos duros, al que no se le caen los anillos de los dedos por meterse en aguas frías como el hielo para capturar castores, así como perseguir a caballo manadas de búfalos que recorren las lejanas tierras del oeste, o mantener combates cuerpo a cuerpo con hombres blancos y pieles rojas. Una historia que bordea los límites de la epopeya y que como tal no renuncia a la épica de lo que significa crecer como persona mientras el viento sople libre en la montaña, la pradera, los bosques y en el corazón de todos aquellos que se lanzaron a la aventura en su busca y terminaron por encontrarla.
Saludos, the end, desde este lado del ordenador







